La selección italiana no era la gran favorita, aunque tiene un muy buen equipo. Lo que tuvo a su favor todo el torneo fue una identidad clara. Foto de Elymolt90 con licencia Creative Commons Attribution – Share Alike 4.0 International.

Lionel Messi por fin levantó un trofeo con la camiseta de la selección argentina, y acabó con una sequía de 28 años de la “albiceleste” en la que perdió cuatro finales. Tres en la Copa América, y una en la Copa del Mundo. También le puso fin a la discusión de que Messi es bueno sólo porque en el Barcelona lo han rodeado de los mejores jugadores. Que esa victoria haya sido contra Brasil, el máximo rival, le da un sabor especial a esta victoria. Haber ganado en territorio rival siempre trae mayor satisfacción. Este triunfo pone a Argentina en el primer lugar de más Copas América junto a Uruguay, con 14. 20 horas más tarde, Italia le ganó a Inglaterra en la tanda de penales para ganar su segunda Eurocopa, la primera desde 1968. 

Las claves del triunfo de Argentina

Messi. El equipo que tiene a Lionel Messi lo más probable es que lo tendrá en plan estelar. Sobre todo si ese equipo al final termina campeón. Y el rosarino así lo hizo. Fue el máximo goleador del torneo junto al colombiano Luis Díaz, pero además fue el mayor asistente del torneo. Si se tiene al que bien puede ser considerado como el mejor futbolista de la historia, el gran reto consiste en tener futbolistas que sean capaces de encontrarlo a través de los pases. Para ello, un buen mediocampo es importante. Con Rodrigo De Paul, Giovani Lo Celso y Leandro Paredes (también está Guido Rodríguez, quien suele jugar en sustitución de Paredes), Argentina tiene un mediocampo que no tiene nada que envidiarle al centro del campo de las mejores selecciones del mundo. La asistencia de De Paul para Di María en la final es prueba de esta calidad.

La selección argentina también tuvo por primera vez en mucho tiempo a un arquero de primera categoría en Emiliano Martínez. Sergio Romero es un buen portero, igual que Franco Armani. Pero es que el estado de forma de Martínez en el último año ha sido descomunal, y habría sido un escándalo que no fuese el portero titular de la selección. Argentina tuvo una tanda de penales en contra de la selección de Colombia, y fue clave al detener tres de ellos. El arquero del Aston Villa también se lució con paradas importantes en esas semifinales, así como también en la final.

La final contra Brasil fue un partido entre las dos mejores selecciones del continente, eso está claro. Pero el partido no fue todo lo espectacular que podría ser un clásico sudamericano. Ambas selecciones se anularon, e intentaron cometer la menor cantidad posible de errores. Sólo hubo dos disparos a puerta por equipo; clara demostración de que se buscó más proteger la portería que atacar. El momento decisivo llegó a minuto 22, con un cambio de banda de Rodrigo De Paul para Ángel Di María en el cual Renan Lodi podría haber hecho más para controlar o despejar la pelota. Fue el error que ambos equipos buscaban evitar, y fue Argentina la gran beneficiaria.

A la “albiceleste” le toca mirar ahora hacia la Copa del Mundo de Catar 2022. Tienen una buena selección, pero el juego que han demostrado durante la Copa América, no les permitiría competir contra lo que se pudo ver en la Eurocopa. Selecciones como Bélgica, España e Italia —que tienen una identidad clara— serán rivales más formidables que lo que tuvo que enfrentar Argentina en la Copa América. Posiblemente más de lo que fue Brasil.

Italia: La mejor selección de la Eurocopa

La selección dirigida por Roberto Mancini sorprendió mucho porque se alejó del estereotipo (bien fundado) de que el fútbol italiano es defensivo por encima de cualquier cosa. Con Jorginho, Verratti (en las fases finales del torneo, ya que empezó la Eurocopa lesionado) y Barella el equipo buscó constantemente la elaboración de jugadas de ataque. El contragolpe se usó muy vez en cuando, aunque los jugadores de ataque fuesen sumamente rápidos y directos.

Sí se vio una debilidad, y ella es que cuando le presionaron con un bloque alto, parecía que no se podía progresar el balón cuando existía ese tipo de presión. Esto se vio en el partido contra Austria y, sobre todo, contra España. Italia fue capaz sortear ambos rivales y se midió en la final a Inglaterra, un equipo suele defender con bloque medio o bajo, pero que también se adaptaba a lo que las circunstancias requirieran. Inglaterra presionó fuertemente en el comienzo y con bloque alto, y Luke Shaw logró el gol más rápido en la historia de las finales de la Eurocopa. Pero luego, tras media hora de presión intensa, los ingleses empezaron a replegarse e Italia empezó a mostrar nuevamente la fluidez de su juego.

Italia empezó a acumular jugadores en el área rival, y ya era cuestión de tiempo para que la suerte se aliara con los italianos. O que hubiese una buena jugada que moviese a la defensa inglesa. En un córner, Verratti logró rematar a puerta y tras la parada de Jordan Pickford, Leonardo Bonucci sólo tuvo que empujar la pelota hacia la portería.

El partido siguió con la misma dinámica, hasta que se llegó a los penaltis. Donnarumma logró detener dos penales, más uno más que fue fallado por Marcus Rashford, e Italia lograba el título.

En el fútbol de selecciones es difícil mostrar una identidad, y esa fue la gran virtud de Italia. Tuvieron una identidad que supieron aplicar en la mayor parte del campeonato, y por ello hay darle mucho crédito a Roberto Mancini, quien agarró a esta selección. Si a eso se suma la veteranía de Chiellini, Bonucci, Verratti, Jorginho e Insigne, hay una receta para salir campeón. Y así fue.