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Los equipos de fútbol en su concepción original estaban planteados para que fuesen asociaciones sin fines de lucro: Clubes. Esto quiere decir que el equipo es propiedad de sus fanáticos. Sin embargo, con la constante inyección de dinero que ha llegado al fútbol (derechos de transmisión televisiva, patrocinios, venta de mercancía) llegó también un interés creciente por hacerse con la propiedad de equipos de fútbol para operarlos con el fin de hacer dinero. En Estados Unidos a este modelo de propiedad se le conoce como franquicia, y aunque promueve la estabilidad financiera, los aficionados pierden todo el control e incluso se ven cosas como que un equipo cambie de ciudad sede por motivaciones exclusivamente económicas.

Más y más equipos han sido pasado a un modelo de propiedad privada, en la medida en que el fútbol ha movido más dinero. La Premier League de Inglaterra, conocida como la más rentable y la que más mueve dinero recibe por concepto de derechos televisivos, a día de hoy no tiene ningún equipo que sea un club en toda regla. Son clubes de nombre, pero no en su modo de ser gestionados. El equipo que tiene una mayor vinculación con su fanaticada es el Burnley, cuya directiva es dueña del 93,8%. Sus dueños además son uno de los pocos dueños británicos, y son en buena medida originarios de la zona del equipo. En fútbol de élite de Inglaterra, esto es lo más cercano que hay entre la fanaticada de un equipo y la propiedad.

Diametralmente opuesta a esta situación es la que se ve en Alemania. La federación alemana estipula que los equipos deben ser propiedad de sus aficionados. Aún así, el Hoffenheim y el RB Leipzig lograron ser de propiedad privada (Dietmar Hopp, fundador de SAP; y Red Bull, respectivamente) valiéndose de lagunas legales dentro de las leyes que rigen el fútbol de ese país. Pero está tan mal vista la propiedad privada de equipos de fútbol en Alemania, que Hoffenheim y RB Leipzig son considerados como los equipos más impopulares del país.

Mientras más dinero sea capaz de producir el fútbol, más interés habrá por parte del capital en entrar en la propiedad de equipos. Que esto no signifique un distanciamiento de los fanáticos es el gran reto que tendrán los gerentes de los equipos, las ligas y las federaciones. Si consideramos que el fútbol es un espectáculo, hay que entender que los aficionados forman parte de él. Que aportan ambiente, un calor único o un intangible, que bien harían los ejecutivos dentro del fútbol en cuidar.

Hay que recordar que los fanáticos, que son los que al final pagan por el fútbol (compran entradas, pagan suscripciones, y compran la mercancía) ya han hecho protestas por la dirección que toma el fútbol. Aficionados al Liverpool formaron la cooperativa A.F.C Liverpool, un equipo fundado para protestar los altos precios de las entradas en la Premier League. También está el F.C. United of Manchester, que fue creado por aficionados del Manchester United que no estaban contentos con la dirección que empezó a tomar el equipo.

No alienar a los fanáticos debe ser la consigna.