Al lema de “sin los aficionados el fútbol es nada” entre muchas otras reivindicaciones, los aficionados ingleses fueron los que mostraron su indignación total y su rechazo frontal a la idea de una Súperliga Europea porque era básicamente un cartel en el que unos pocos tienen garantizada su presencia en esta competencia. Otros tendrían que conformarse con recibir un apoyo financiero, producto de los ingresos que genera este torneo, pero también ver cómo se incrementar la brecha de ingresos entre los equipos más grandes y los más pequeños. Como si ya el dinero no fuese determinante a la hora de conseguir trofeos.

 La razón principal para oponerse a la Súperliga fue la naturaleza cerrada de ella, contraria a la tradición meritocrática y democrática del deporte. Y además, ella escondía el potencial de dañar a las ligas domésticas ¿Para qué esforzarse en obtener los mejores resultados en la liga nacional si al final se tiene el acceso a la competición de élite, y sus vastos recursos, asegurado? Los aficionados de los equipos ingleses que anunciaron su adhesión al proyecto (Arsenal, Tottenham, Chelsea, Liverpool, Manchester City y Manchester United) y que se habrían beneficiado del acceso permanente a esta competición, fueron los más vocales en expresar su descontento ante la decisión de sus clubes.

 Los fanáticos del Liverpool fueron los primeros en hacer una manifestación, porque fue el primer equipo en jugar un partido tras el anuncio de la Súperliga Europea en su visita al Leeds. Tras esta demostración, le tocó el turno a los aficionados del Chelsea mostrar su oposición cuando se enfrentaron al Brighton and Hove Albion. Los aficionados no permitieron el acceso del bus del equipo ‘blue’ hasta que Petr Cech calmó los ánimos. También era anunciado que el director ejecutivo del Manchester United, el altamente impopular Ed Woodward, saldría del equipo. Tras estos incidente, los clubes ingleses anunciaron su retirada de la Súperliga. Pero incluso tras la retirada,  Primero el Manchester City y luego el resto. El Arsenal fue el primero en ofrecer unas disculpas, las incluyó en su comunicado. El Liverpool luego difundió un vídeo de su dueño, John W. Henry, pidiendo disculpas. Y luego, cada uno a su manera pidió disculpas. Pero esto no fue suficiente. Los aficionados, altamente indignados y movilizados en contra de las propiedades de sus respectivos clubes, siguieron protestando. Aficionados del Manchester United ingresaron al complejo de entrenamiento del equipo y fueron los jugadores y el entrenador del equipo los que tuvieron que dialogar para rebajar las tensiones.

 El Arsenal también tuvo protestas en su partido contra el Everton. La manifestación frente al estadio fue muy concurrida y los aficionados ya no decían “no a la Súperliga Europea”, sino directamente “fuera Kroenke” (Stan Kroenke es el dueño del Arsenal).

 Sencillamente, los aficionados ingleses son de la opinión que una competencia en la que no hay que ganarse el puesto es una competición contraria al espíritu del deporte. Que es quitarle el alma al fútbol. Y siendo los equipos ingleses de los más importantes y seguidos del mundo, la Súperliga Europea no podrá ser. Porque en España sí había mayor aceptación de esta competición. Lo que se ha visto en Inglaterra jamás se habría visto en España. Por ello, una segunda iteración de la Súperliga Europea no deberá extrañar a nadie.