Texto de atribución: Obtenida de Arsenal.com

Ser fanático del Arsenal es una experiencia ingrata, y así lo ha sido por varios años. El equipo del lado rojo del norte de Londres ha perdido cuatro partidos en casa de forma consecutiva, y el rendimiento no parece haber mejorado en ninguno de esos partidos. Más bien, los partidos que han ganado parecen haber contado con mucha suerte, a excepción de la jornada inaugural contra el Fulham.

Para entender esta caída de los ‘gunners’ hay que remontarse a la era de Arsene Wenger. Un visionario en su momento, al entrenador francés con el paso de los años se le empezaron a ver las costuras. Wenger es un romántico del fútbol. Él recuerda en su época de infancia y preadolescencia cuando jugaba al fútbol como el momento en que se desarrolla la visión de juego. No hay uniformes ni chalecos que diferencien a los jugadores por lo que se vuelve necesario desarrollar esa visión. Ésta experiencia de fútbol lleno de espontaneidad y expresividad, de la diversión como fin último del juego, es algo muy presente en la filosofía futbolística “wengeriana”. Renegar de mucha táctica para favorecer la expresividad. La intensidad en el juego era algo que los jugadores aportaban, pero no era la base fundamental de la visión de Arsene Wenger. Jugadores como Patrick Vieira, Tony Adams, Emmanuel Petit, o Lauren Etame eran capaces de reunir a las tropas para exigir esfuerzo e intensidad; y que ello se tradujera en movimiento para ofrecer opciones de pases y de esfuerzo en defensa (ya sea protegiendo el espacio o presionando al rival) para recuperar el balón. Con el paso de los años esos jugadores o abandonaron el equipo o se retiraron; y el liderazgo y fuerza de carácter en el equipo se fue perdiendo. La intensidad, también.

En los últimos años de la ‘era Wenger’ se pudo constatar que el equipo estaba aburguesado y acomodado. Muy acostumbrado a aportar el esfuerzo necesario para quedar en el Top Four que daba un puesto a la  Champions League. Una oportunidad inmejorable llegó al Arsenal para ganar una Premier League en la temporada 2015/2016 cuando el Chelsea de José Mourinho no estaba jugando bien, el Manchester City tampoco y el Manchester United no se encontraba tras la partida de Sir Alex Ferguson ¿Qué pasó? El Leicester City ganó la liga. Los ‘gunners’ quedaron en segundo lugar. Pero con una cosecha de 71 puntos y siete partidos perdidos, sencillamente no fueron un candidato creíble. Si el City o el Chelsea hubiesen estado a la altura, habrían desplazado al Arsenal. El año siguiente el Arsenal logró una mayor cantidad de puntos, 75, pero quedó fuera de La Liga de Campeones al quedar en el quinto lugar. Una mayor competencia en la parte alta condujo a esto (dueños multimillonarios y benefactores de Chelsea y Manchester City, la eficiencia deportiva del Tottenham y Leicester, y una liga que adquiere mayor intensidad y mayor conocimiento táctico debido a la influencia de entrenadores extranjeros), pero también el Arsenal fue culpable de su estancamiento. Estancamiento sumado a una mayor competitividad en realidad significa retroceso.

Cuando Arsene Wenger salió del club tras 22 años de servicio, se trajo a Unai Emery. El técnico guipúzcoano es de una filosofía que busca la posesión del balón. Ello requiere de intensidad, la cual se pudo ver en la etapa inicial de la ‘era Emery’. Pero luego se empezó a perder, y con ello vino primero un bajón de rendimiento, y luego cuando parecía que el equipo volvía a la Liga de Campeones, los resultado empezaron a flaquear. La segunda temporada de Emery empezó de igual forma, y se tuvo que prescindir del técnico. Con Mikel Arteta parecía que la llama se reactivó, a tal punto que se logró ganar una FA Cup y una Community Shield (equivalente a una Súper Copa). Pero luego la intensidad empezó a caer hasta que llegados a la jornada 12, el Arsenal tiene cuatro victorias, un empate y siete derrotas.

¿Qué debe hacer el equipo para volver a la senda de la victoria? Mikel Arteta dijo al llegar al banquillo del Arsenal que él cree que el esfuerzo y la intensidad son “innegociables”. Esas declaraciones parecen haber quedado en el olvido, y el entrenador vasco haría bien en recordar a los jugadores que estas son las virtudes que él quiere de su equipo. Entrenamientos más duros y quitar la titularidad a determinados jugadores son formas de dar este mensaje.

Seguramente el Arsenal pasará tiempo en esta dinámica hasta que logren dar ese paso hacia delante. Quitar al entrenador parece que no será la cura, esto parece ser más cuestión de lo que aporten los jugadores a la causa. Aunque no cabe duda que hay una crisis en la ‘era Arteta’, es una oportunidad para que el entrenador donostiarra muestre de qué está hecho.