Una foto icónica en la que aparecen Diego Armando Maradona junto a Queen, cuando la banda británica visitó Argentina en una gira del año 1981. Ejemplo claro de de cómo ya Maradona y el fútbol eran espectáculo más allá del deporte. Foto de dominio público.

En España, la cobertura del fútbol por parte de los medios comunicación es bastante singular, sobre todo si se compara con lo que se ve en el mundo anglosajón. ¿Por qué? Pues se ha normalizado por parte de las grandes cabeceras el ser editorialmente favorable a los dos grandes equipos del país: Real Madrid y Barcelona. Esto, sin embargo, no es explícito aunque se vea con mucha obviedad. Es un secreto a voces, pero secreto al final. Al combinar esto con el fútbol devenido cada vez más a espectáculo. Ya no es suficiente 90 minutos de partidos de fútbol. Cuando acaba un partido los medios de comunicación aportan el espectáculo. Así, los tres conceptos que dan título a este texto empiezan una relación.

Se empieza por el hecho de que, en la medida en que el fútbol creció en interés también lo hizo en repercusión mediática (no se descubre el agua tibia con esta afirmación). La primera superestrella del deporte, Pelé, dejó un impacto profundo en la cultura y su legado personal no se limita a haber jugado fútbol. Diego Armando Maradona, superestrella del fútbol en la etapa de televisión a color, sufrió los efectos de esta fama. Su actuación en la Copa del Mundo de 1986, en particular contra Inglaterra, dejó un impacto que dejó lo estrictamente futbolístico para trasladarse a lo político y simbólico. Su forma de actuar, sumada a su innegable talento, hicieron que su figura trascendiera las barreras del deporte. Pero fue David Beckham —quien juntó un físico muy atractivo con el interés de jugar al fútbol en el Manchester United— quien verdaderamente se posicionó como celebridad más allá del fútbol. El fútbol ya no sólo es industria, sino espectáculo. Es una fábrica de celebrities que se apalanca en un deporte que tiene como eje central los pies y un balón.

El fútbol pasó de ser comunitario, con equipos formados por trabajadores de un sector o empresa de un área geográfica —y aficionados identificados con ellos—, a ser una industria con capacidad de generar gran rentabilidad a través de entradas, patrocinios y, en general, el interés de la audiencia. Y de allí, se pasó al espectáculo, con jugadores que tienen más seguidores y fanáticos que los propios clubes en los juegan. Se habla entonces, que la labor de un jugador va más allá del terreno de juego y los entrenamientos. Se mueven en un escenario público, donde el espectáculo se puede prolongar más allá de los 90 minutos que dura un partido.

Los medios de comunicación con fines informativos, ya en general y no sólo en lo relacionado con el fútbol, han tenido que mutar debido la tecnología. Los ciclos noticiosos duran las 24 horas, con actualizaciones minuto a minuto, si la noticia lo permite. Hay enormes presiones para producir más y más contenido. El espectáculo es la fórmula que salva a las empresas periodísticas de esta presión, haciendo que la realidad sea espectáculo. En la política, donde los hechos tienen consecuencia para las personas, debería contenerse el impulso de la espectacularización. Y sin embargo, la ha sufrido Pero en el deporte, y en concreto el fútbol, se asume que las cosas no son tan de vida o muerte. Así que se asume con mayor facilidad convertir todo lo relacionado al fútbol en un espectáculo. Para la prensa el espectáculo no está ceñido o limitado únicamente a los partidos. La realidad en torno al fútbol es el espectáculo. ¿Significa la gestualidad de un futbolista en algunos momentos de un partido —o después de él— que se quiere ir? ¿La forma de ser de un futbolista en concreto merece el reproche o condena del espacio público? ¿Son los periodistas actores en esta puesta en escena, y no meros espectadores o informadores de esa puesta en escena?

 

Real Madrid vs. Barcelona: un reality show

Es en este escenario que tenemos una peculiar situación en la cobertura del fútbol en España. Medios de comunicación con una línea editorial claramente favorable al Real Madrid, y otras empresas periodísticas con inclinación editorial marcadamente favorable al máximo rival (Fútbol Club Barcelona). Se admite el fanatismo a la hora de opinar, con tendencias claramente a favor de uno u otro equipo. Suele ser el Real Madrid quien aglutina las buenas gracias de los medios de comunicación. En primer lugar, por su lugar como equipo grande de España y el mundo —el más grande argumentarían sus fanáticos, sobre todo por los títulos que posee en el plano europeo—, y, en segundo lugar, porque está ubicado en la capital al igual que la mayoría de los medios de comunicación. El Barcelona cuenta con la misma ventaja de ser equipo grande de España y el mundo, pero circunscrito al ámbito de Cataluña.

Así se da una situación en que la cercanía a los centros económicos y de poder de sus geografías, el tamaño que han adquirido por sus méritos y por su rivalidad histórica, el enorme interés que arrastran Barça y Madrid (con el potencial comercial y económico que conlleva), y siendo ya instituciones muy poderosas cultural y económicamente, no debe extrañar que siempre haya la tentación de dar mayor cobertura a estos equipos por encima de otros. Pero también es cierto que a lo largo de los años, estos equipos también se han encargado de lograr hacer que la prensa sea amigable con ellos.

Al ver el programa de televisión “El Chiringuito”, se puede ver esto muy claramente. Su conductor es un declarado seguidor del Fútbol Club Barcelona, pero si uno ve éste programa y deja que éste sea quien forme la opinión sobre la realidad de ambos equipos, pareciera que siempre el Real Madrid es mejor. ¿Por qué? Pues pareciera que han concluido que llevar la agenda del equipo merengue —presidido por un consumado estratega con dotes de político del más alto nivel como Florentino Pérez— es la mejor vía para tener ese espacio de relevancia en la prensa y ser capaz de ingresar mucho dinero.

El Real Madrid es uno de los equipos con más fanáticos del mundo. Y en España, por supuesto, es el que más seguidores tiene. Así, contar la realidad del Madrid traerá audiencias al referido espacio televisivo. Del Barcelona también se puede hablar, pero con una visión madridista, lo cual también va a traer una buena dosis de seguidores que buscan un espectáculo que genere indignación. Y todo esto, maquillado bajo el disimulo de que es un programa conducido por un catalán seguidor del Fútbol Club Barcelona.

Ahora, nada de lo anterior es suficiente para que hablar de espectáculo. Pero quienes han visto este programa saben que allí se podrá ver fanfarronería, indignación, polémica y dramatismo. Es decir, espectáculo. Y algo de información. Es la prensa que ha envuelto la realidad en espectáculo. Y allí, en ese universo que plantea “El Chiringuito”, puede haber indignación por algo que dijo alguien del Barça sobre el Real Madrid, burla de cómo van las cosas en la entidad blaugrana (como por ejemplo, las normas de Xavi cuando fueron anunciadas al poco tiempo de ser confirmado como entrenador), o, sencillamente, rendir pleitesía a lo que hace el Real Madrid. Filtrando información, por supuesto, que favorece a un equipo y daña a otro. Porque al final, el Madrid puede dar acceso a cierta información privilegiada.

Por supuesto que en Barcelona es igual. Se limita o se da acceso a los medios que son más favorables al equipo, y que de igual manera tendrían esa afinidad porque al tener periodistas de la zona, es más que probable que haya fanatismo.

En ese afán de tener acceso a los protagonistas y a la información que emana del equipo, y también de mantener a una audiencia enganchada, pues se recurre al espectáculo. Es la única forma de, por un lado estar bien con el club que muchas veces da de comer —los aficionados del equipo están acostumbrados a ir a este medio para obtener nueva información sobre el club, así como confirmar sus propios prejuicios y opiniones—, y, por otro lado, atraer audiencia. Cualquier cosa es digna de publicada, debatida, polemizada y analizada. Lenguaje corporal de un jugador o entrenador. Rasgos de la personalidad de alguien. Lo que los jugadores han publicado en redes sociales. Especulación sobre el poder que acumulan los jugadores dentro de la institución. Se consume el día a día del equipo como se consume un reality.

Todo ello se asume que es parte del acontecer noticioso, pero en realidad es una extensión del espectáculo, que debe extenderse lo más que se pueda. No sólo los 90 minutos que dura un partido, las veces de la semana que juegue ese equipo dependiendo si juega o no en competición europea. Es una cuestión de todos los días de la semana, las 24 horas del día.

Incluso la situación económica del Barcelona es susceptible de convertirse en espectáculo. No es porque la realidad sea así —no hay nada menos espectacular que la austeridad y el no poder hacer grandes desembolsos— sino porque hay una cobertura mediática que día a día se dedica a escudriñar lo que puede o no hacer el Fútbol Club Barcelona. De ahí, empiezan a nacer las conjeturas de todo lo que se tiene que hacer para incorporar jugadores. Y la imagen de unos ejecutivos desesperados por lograr hacer que las cuentas cuadren. Estas representaciones suelen venir de una prensa que quiere desgastar la imagen del Barcelona; la prensa madridista. Surrealista, pero es la realidad. Existe una prensa de vocación madridista, y otra de vocación culé. Como si fuese el aparato propagandístico de un Estado.

El afán de espectáculo aplicado al mundo de las noticias lleva a la construcción constante de héroes y villanos, o genios y torpes incompetentes. Así también es el fútbol. Sobre todo desde la época del Real Madrid de Mourinho en que se enfrentaba al Barça de Guardiola. Buenos y malos, genios e incompetentes, loas e indignaciones. Los roles serán determinados según la cabecera y sus afinidades.

Es un panorama extraño. Permite que surja la pregunta de si es un espectáculo para encubrir o disimular algo, si es para aumentar audiencias y ganar más dinero, o si la simulación y conversión de toda la realidad al espectáculo es ya un fin en sí misma.