La Liga de Campeones tiene muy pocos prospectos de tener un nuevo campeón, si se quita al Manchester City y PSG de la ecuación. Parece ser una cuestión que ya está cerrada al asalto de equipos más pequeños. Foto de Markos90, con licencia Creative Commons Attribution – Share Alike 4.0 International.

Desde que se empezó a jugar el torneo de clubes a nivel continental bajo la tutela de UEFA (primero la Copa de Clubes Campeones Europeos —Copa de Europa—, y luego la Liga de Campeones) han habido 66 ediciones. En todas ellas, han habido 22 campeones distintos, provenientes de 10 países. Si dejamos esta estadística así y sin más contexto, estaríamos hablando de una competencia que se ha repartido a lo largo de los años. Pero resulta que, por ejemplo, un equipo —el Real Madrid— acumula el 19,69% de los campeonatos disponibles (con 13 en total). El podio, conformado por cuatro equipos porque Liverpool y Bayern Munich tienen un empate en el tercer lugar, acumula el 48% de los trofeos. Se trata del Real Madrid, AC Milan, Bayern y Liverpool. Si a ello sumamos los cinco trofeos del Fútbol Club Barcelona, se llega al 56%. Es decir, con sólo cinco equipos se supera la mitad de los trofeos que a lo largo de 66 años se han ganado.

El último nuevo campeón de la Champions League se vio en 2012, cuando el Chelsea ganó su primera Liga de Campeones con Roberto Di Matteo. Para ver a un equipo ganar su primera ‘Champions’ habría que irse a la temporada 1996-1997, cuando el Borussia de Dortmund ganó a la Juventus de Turín. En la 92-93, el Olympique de Marsella logró su primera Liga de Campeones cuando derrotó al AC Milan. Un año antes el Barcelona se estrenó como ganador del torneo en su edición de Copa de Europa (1991-1992), y un año antes hizo lo mismo el Estrella Roja de Belgrado. Fueron unos años, mediados de los 80 y principios de los 90, los que se vio una competencia con mucha variedad en sus ganadores. Se pudo ver al primer campeón de Europa del Este con el Steaua de Bucarest, así como al Hamburgo y al Aston Villa.

Por supuesto que muchas de las finales podrían haber tenido un ganador distinto. En 2006 el Arsenal podría haber ganado su primera Liga de Campeones pero no pudo ser. Esa final significó la segunda del Barça. También fue el caso del Atlético de Madrid en 2014 y 2016 contra Real Madrid. El Valencia llegó a dos finales consecutivas y no pudo ganar ninguna, en las que ganó un equipo que ya había ganado (Real Madrid y Bayern de Munich). Puede que haya un factor de la experiencia del equipo que ya lo ha logrado. Que un equipo que a priori no era el favorito con muchísimo mérito llegue a la final del torneo, para que luego se imponga el equipo con mayor trayectoria debido a que tiene un equipo repleto de estrellas, es una historia conocida. La tragedia del underdog que se queda a las puertas de la gloria.

Por supuesto, esa ‘Champions’ que ganó el Chelsea en 2012 difícilmente pueda considerarse la historia del underdog que contra todo pronóstico logró su primer trofeo continental. Para ese momento, bajo la propiedad de Roman Abramovich durante nueve años, el Chelsea había gastado más de 1.000 millones de euros en fichajes. Sólo hacía falta confirmar la pertenencia a la élite del fútbol con el máximo trofeo del fútbol continental europeo.

En las últimas dos ediciones hubo debutante en finales de Champions League, cuando el PSG llegó a esta instancia para jugar contra el Bayern de Munich —en la que perdió 1-0— en la temporada 2019-2020. El Manchester City también llegó a la final la temporada pasada, y perdió contra el Chelsea. Si vemos estas dos finales, tres de los cuatro finalistas fueron de la élite de los nuevos ricos que —financiadas por dueños milmillonarios— han asaltado los altos estamentos del deporte rey. Por supuesto, el PSG y Manchester City debutaron en finales de UEFA Champions League tras mucho tiempo haciendo desembolsos muy grandes para atraer a las grandes estrellas del fútbol mundial.

Hay pocas ligas en Europa que concentran el interés de las audiencias globales: la inglesa, española, italiana y la alemana. Dentro de estas ligas, hay pocos equipos que concentran la gran mayoría de las audiencias. En Inglaterra es el ‘Big Six’ (los seis grandes, conformados por Arsenal, Chelsea, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham); en España es el duopolio Real Madrid – Barcelona; en Italia es Inter, Juve y AC Milan; y en Alemania es el Bayern de Munich, y en menor medida el Borussia de Dortmund. En Inglaterra, hay mecanismos para la distribución de ingresos y evitar así que los equipos de arriba se descuelguen demasiado de los equipos que buscan ser más competitivos. Esto se hace a través de un sistema de distribución de ingresos llamado 50-25-25. Es decir, 50% de los ingresos televisivos se reparten equitativamente, 25% de acuerdo a la posición en la tabla, y 25% de acuerdo al rating televisivo que hay tenido el equipo. En Alemania, 25% se reparte de forma igualitaria, con un 50% repartido de acuerdo al ranking internacional que tenga el equipo. Otro 25% se reparte en función de los partidos internacionales que haya jugado el equipo.

Algo así tiene que hacer la UEFA. Encontrar la forma de ofrecer pagos de solidaridad no sólo a equipos que destaquen en las competiciones que organiza, sino también a las federaciones de aquellos países que usualmente no aportan demasiados equipos a las fases finales de la Liga de Campeones o incluso la Europa League.

En el otro lado del espectro, la UEFA también tiene que poner un límite a los desembolsos desbocados de la élite tradicional como de los ‘nuevos ricos’. Tanto a los salarios, como a los precios de los traspasos entre equipos. Con ayudas a los que están abajo y límites a los que están arriba, quien sabe si podrá volver a verse a un underdog que se estrene como ganador de la Liga de Campeones. E incluso que provenga de un país que hasta la fecha no tenga un equipo ganador del torneo.