La fecha FIFA dejó un conflicto abierto entre las selecciones sudamericanas y la liga inglesa.

Los equipos de la Premier League ya habían anunciado que no le darían permiso a sus jugadores internacionales que, a la vuelta, tuvieran que confinarse debido a la designación de sus respectivos países según la gravedad de incidencia por COVID-19 que pudieran tener. Fred (Manchester United), Roberto Firmino, Allison Becker, Fabinho (Liverpool), Ederson Moraes, Gabriel Jesús (Manchester City), Raphinha (Leeds) y Thiago Silva (Chelsea) fueron sujetos de una carta que envió la Federación Brasileña de Fútbol (CBF) a la FIFA para que se impidiese que estos jugadores estuviesen presentes en los partidos que disputarán sus respectivos clubes en los próximos cinco días. Richarlison, del Everton, sí que fue cedido para competir en los juegos olímpicos de Tokyo, por lo que el extremo no sería afectado por esa comunicación.

Los jugadores argentinos del Tottenham Hotspur, Giovani Lo Celso y Cristian Romero, están expuestos a recibir sanciones de parte del club dado que no les fue dado permiso para ir jugar con la selección. Emiliano Martínez y Emiliano Buendía, también internacionales argentinos, llegaron a un acuerdo con su equipo —el Aston Villa— para jugar dos de los tres partidos de la fecha FIFA. Es decir, contra Venezuela y Brasil pero no contra Bolivia. Todos estos jugadores de la albiceleste están envueltos en el escándalo del partido Brasil–Argentina en el que autoridades sanitarias brasileñas ingresaron al campo para deportarlos. Se les acusó de mentir en la declaración de ingreso al país, dado que son jugadores que hacen vida en el Reino Unido (país señalado por las autoridades brasileñas) y no hicieron una cuarentena de 14 días en el país. Venían de jugar en Venezuela hace unos días, y uno no se imagina qué se tendría que haber hecho para cumplir con esos requisitos.

El partido quedó suspendido, y el árbitro redactó un informe que será elevado a la FIFA para que sea ésta la que de instrucciones.

Además de las dos grandes selecciones del continente, Chile y Paraguay también se han acogido al modo de actuar de la selección brasileña. En concreto, por Miguel Almirón (paraguayo que juega en el Newcastle), Francisco Sierralta y Ben Brereton-Díaz (chilenos que juegan en el Watford y Blackburn Rovers, respectivamente).Ya en la CONCACAF, México pidió que no se autorice al delantero Raúl Jiménez su reincorporación hasta después del 14 de septiembre.

El sábado 11 de septiembre se verá el desenlace de esta situación, y si hay una escalada en la beligerancia o si más bien se propicia el entendimiento

Selecciones vs. Clubes: un falso dilema

Los clubes sienten, de forma muy legítima, que ellos son los que deben decidir si le ceden a sus jugadores a las selecciones a las que pertenecen ya que son ellos quienes pagan los salarios. Al final, el fútbol de los clubes es uno que reporta una enorme cantidad de ingresos porque genera los mayores fanatismos.

Pero el fútbol que atrae los fanáticos casuales, que suele ser una audiencia mucho más grande, es el fútbol de selecciones. La Copa Mundial de la FIFA es el evento deportivo televisado con más audiencia. De allí existe la promesa de convertir a ese fanático casual en uno que siga el fútbol de clubes de una forma más regular. Por eso, estas limitaciones al fútbol de selecciones denotan cierta falta de visión.

La realidad es que entre los clubes y las selecciones tendría que haber una mayor sincronía. Desafortunadamente, de momento no se ha dado un diálogo desde los intereses de cada quien, sino desde las posturas que cada quien defiende. El fútbol de selecciones es un bien preciado dentro del deporte. Ningún otro deporte ha cuidado la competencia entre naciones como el fútbol. Bien harían todos los actores en proteger este activo y desarrollarlo, en vez de limitarlo.

Por supuesto que hay preocupaciones naturales. Las lesiones que ocurren en los amistosos internacionales o en las fechas dedicadas a la clasificación a mundial o Eurocopa. Pero los beneficios son superiores —de momento— a las pérdidas potenciales.