Desde el año 2015 se ha celebrado la Copa América hasta en cuatro ocasiones. Eso si es que al final se celebra la correspondía al año 2020 y que fue pospuesta para este 2021 debido a la pandemia mundial del COVID-19.

Hoy en muchos países del mundo ya ha se han distribuido las vacunas contra el virus a una buena parte de la población. También se ha ido reduciendo la tasa de infecciones y de muertes causadas por el coronavirus, por lo que hay cierta reapertura de eventos. Es el caso de Europa, que celebrará la Eurocopa que correspondía al año pasado en 11 ciudades. Bilbao fue sustituida por Sevilla como sede, al no poder garantizar la presencia de público. Y Dublín, que conformaba parte de unas 12 ciudades que serían sede algún partido, ya no será sede. Si no se puede garantizar la asistencia del público, no se puede ser sede.

En Europa ya el COVID-19 empieza a ser menos excusa para no hacer eventos de ciertas dimensiones. Pero en Sudamérica pareciera que esto es una pesadilla de no acabar nunca.

Argentina, Brasil y Perú están en una situación crítica. Perú superó las 580 muertes por cada 100 mil habitantes debido al COVID-19. Argentina está en 8.799,73 casos por cada 100 mil habitantes. Y Brasil lleva más 470.000 muertos por el coronavirus. Es evidente la desigualdad que hay entre una región y otra. 

Ya se entiende que se ha celebrado la Copa América en cuatro ocasiones (si sale adelante la del 2021) en los últimos seis años. ¿Es necesario que sea celebrada? ¿No es posible un aplazamiento hasta el año 2024? ¿No son suficientes torneos continentales los que se han celebrado en Sudamérica?

Las prisas parecen ser la seña de identidad para la celebración de esta torneo. Sobretodo ese cambio de la doble sede de Colombia y Argentina a Brasil. Se sabe que en Colombia hay protestas y malestar social. Y que en Argentina hay un repunte muy fuerte de casos. Pero el gigante amazónico no tiene mucho de qué alardear en materia de la gestión y la lucha contra el coronavirus. Lo cual, por supuesto, trajo muchas críticas a que se haya elegido a este país como sede.

Pero no sólo son dudas. También hay la amenaza de un boicot de los propios jugadores al torneo. Y todo ello a pocos días del inicio del torneo.

El anuncio apresurado del cambio de sede ha hecho que muchos jugadores de la selección, encabezados por el capitán Casemiro, hayan manifestado su descontento con la decisión. Hay una guerra entre el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Rogerio Caboclo, y los jugadores de la selección.

Es una situación en la que los jugadores quedan expuestos a la opinión pública por lo que decidan hacer o por lo que decidan no hacer. Ya un senador brasileño, Renan Calheiros, pidió a Neymar que se posicione respecto al tema. Y esto es justamente lo que ha molestado a los jugadores. Que se les haya lanzado a una situación en la que ellos no tendrían que estar. Y, llegado el momento de tomar cartas en el asunto, han decidido posicionarse a favor de la seguridad ciudadana ante el COVID-19.

Se espera que tras el partido contra Paraguay  haya un pronunciamiento más concreto sobre la postura de los jugadores y el técnico de la ‘canarinha’, Tite. Estas declaraciones y tomas de postura ocurrirán cuando sólo queden cuatro días para la celebración del torneo. 

La Copa América no es absolutamente necesario que sea celebrada, sobre todo tomando en cuenta la situación de la región debido al COVID-19 y la tensión política que hay en Brasil. Sin embargo, también es cierto que puede salir adelante con las medidas de seguridad que se han implantado en los partidos de Copa Libertadores, por mencionar un ejemplo.

Y todo esto, mientras ocurre en paralelo la Eurocopa, un torneo que celebrará los 60 años del primer torneo de selecciones europeo y que tendrá 11 sedes, todas con público —aunque con aforo limitado—. Para que quede de manifiesto las diferencias en la gestión de la UEFA y la CONMEBOL, así como también las desigualdades estructurales entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo.