El 17 de marzo de 2019, Atlético de Madrid femenino jugó contra el Fútbol Club Barcelona. El partido fue decisivo para determinar si las ‘rojiblancas’ aseguraban La Liga, o si las ‘blaugranas’ ponían un toque de suspenso a la competición. El partido terminó 0-2 para el Barça, y la liga la acabó ganando el ‘Atleti’. Pero lo más importante fue que al recientemente estrenado Wanda Metropolitano asistieron 60.739 personas, un récord para la asistencia de un partido de clubes. Se trató de un registro muy importante para la historia del fútbol femenino, porque el anterior récord lo ostentaba un partido entre Dick, Kerr Ladies contra St. Helen Ladies que ocurrió en 1920. Es decir, casi un siglo. La razón por la que este récord tuvo una vigencia de casi 100 años, habla del machismo que ha estado engranado al fútbol durante mucho tiempo.

 ¿Cuál machismo? Pues poco menos un año después de que ocurriese el Dick, Kerr Ladies – St Helen Ladies, la FA (Federación inglesa de fútbol, Football Association) prohibió que los partidos de fútbol femenino ocurriesen dentro de los estadios de los equipos miembros. En la práctica, esto significó que el fútbol femenino quedó ilegalizado. Los argumentos de la FA fueron dos. En primer lugar que el deporte “no era adecuado para las mujeres” y en segundo lugar, porque la FA empezó a señalar que las mujeres estaban incurriendo en gastos de las ganancias de las taquillas que no iban a las caridades por las que se organizaban los partidos. En aquella época las mujeres solían organizar partidos caritativos. Que el deporte femenino mantuviese su carácter caritativo y que no fuese “en serio” era el interés de la FA, y por ello ponía esta condición para el fútbol femenino y no lo hacía así para el fútbol masculino. Pero lo cierto es que el fútbol femenino atraía espectadores de forma igual que el fútbol masculino.

 Además, el fútbol femenino empezó a convertirse en un evento político, dado que las mujeres empezaron a jugar en partidos caritativos en apoyo a mineros. Fueron vistas como un instrumento que apoyaba al movimiento laborista.

 La declaración de la FA en el momento decía “se han presentado quejas sobre el fútbol que juegan las mujeres y el consejo se siente impulsado a expresar su firme opinión de que el fútbol es bastante inadecuado para las mujeres y no debe fomentarse”. Además, el ente regulador dijo ser “de la opinión de que una proporción excesiva de los ingresos se absorbe en gastos y un porcentaje inadecuado se dedica a objetos de caridad”.

 La hipocresía, por un lado, y un nuevo caso de cómo los hombres decidieron legislar sobre el cuerpo de las mujeres, por el otro, así como también la envidia de constatar que el fútbol femenino atraía más multitudes a los estadios (Dick, Kerr Ladies vs. St. Helen Ladies fue un récord absoluto para la época) selló el destino del incipiente pero pujante fútbol femenino. La cuestión política las terminó de hundir.

Llama mucho la atención de que esta prohibición del fútbol femenino se produjo poco después de que las mujeres hubiesen logrado el derecho a ser elegidas al parlamento (1918) y poco antes de obtener el derecho al sufragio igualitario (1928). La prohibición fue, en toda regla, un retroceso totalmente innecesario.

 La prohibición fue levantada en el año 1971, 50 años más tarde, y sólo cuando la UEFA hizo la recomendación a las federaciones de empezar a contar con una filial femenina.

 Con todo y ello, la historia de Dick, Kerr Ladies, un equipo que fue muy popular desde su fundación en 1917 y que contó con la que posiblemente fue la primera estrella del fútbol femenino en Lily Parr, habría sido perdida de no ser por Gail Newsham futbolista de los años 70 y que se dedicó a publicar la historia del Dick, Kerr Ladies tras escuchar a su padre hablar de cómo iba a ver partidos de fútbol femenino. Con la publicación de su libro In a league of their own! se empezó a rescatar la historia del equipo que había hecho historia tantos años antes, y de su delantera estrella Lily Parr.

 Tras el destierro del fútbol femenino en Inglaterra, Dick, Kerr Ladies se fue de gira por los Estados Unidos y empezó a plantar la semilla del fútbol femenino en aquel país. La selección americana ganó el primer mundial de fútbol femenino en 1991, así como otros tres más en 1999, 2015 y 2019. La selección tiene el récord de mayor número de asistentes de cualquier equipo de fútbol femenino (selecciones y clubes) cuando 90.195 personas vieron la final del mundial entre Estados Unidos y Japón en el Rosebowl de Pasadena. Mientras todo esto ocurría, Lilly Parr recibía una merecida admisión en el salón de la fama del fútbol en el año 2002. Y ya en 2008, la FA pidió disculpas por haber prohibido el fútbol femenino durante todos esos años.

 Así como el mazazo contra el fútbol femenino fue rápido y certero, la recuperación ha sido lenta. Y todo ello no hace sino poner de manifiesto el hecho de que el fútbol tiene una deuda pendiente con el fútbol femenino.  Si el país donde nació el deporte prohíbe que las mujeres lo practiquen, eso evidentemente tendrá consecuencias en el resto del mundo.

 Afortunadamente, Dick, Kerr Ladies trabajó lo suficiente como para dejar un legado, y demostrar que las mujeres efectivamente pueden jugar al fútbol. Aunque ello, lógicamente, no debería requerir ser demostrado.