Muchas veces se habla de lo cruel del fútbol, porque a veces gana quien no ha hecho grandes merecimientos durante un partido fútbol para ganarlo. Que los grandes equipos pueden darse el lujo de no jugar un partido de fútbol al máximo nivel, entendiendo que sus jugadores de un talento superior lo resolverán. Otras veces se habla de lo maravilloso que es el fútbol precisamente porque un equipo pequeño es capaz de ganarle a un grande pese a haber sido dominado durante el partido, siempre y cuando la suerte se ponga de su lado.

Una explicación para esta aparente naturaleza azarosa del deporte es que no es un juego que se resuelva con muchos puntos, o anotaciones. Mientras que en el básquet hay juegos de puntuaciones superiores a los 100 puntos (sobre todo en la NBA), que realmente significan entre 30 y 50 anotaciones (las anotaciones pueden ser de dos o tres puntos según la distancia), en el fútbol hay muchos partidos que se resuelven con 1-0. Y no es excesivamente extraño. Este año, esa naturaleza impredecible hizo que por fin el PSG le saliera caro eso de sencillamente acumular estrellas. El LOSC Lille también tiene jugadores muy talentosos, pero de perfil más discreto. Lo cual hizo que muchos no los dieran como favoritos. Pero bajo la dirección de Christophe Galtier, el Lille jugó como un equipo y con una identidad clara. Si tuvieron suerte, la crearon ellos mismos.

Si se desmenuzan los números se puede ver una tendencia. El Lille fue un equipo que defendió mejor que el París Saint-Germain. Pero también hay que decir que la diferencia de goles permitidos no fue demasiado elevada. El PSG recibió 28 goles, mientras que el Lille recibió 23. Y la cantidad de goles anotados favoreció claramente al equipo parisino, que metió 86. El Lille, por su parte, metió 64. El apartado de diferencia de goles (goles anotados menos goles recibidos) claramente favoreció al PSG, con una diferencia favorable de 58 goles, mientras que el Lille tuvo una diferencia de 41 goles a favor. La diferencia entonces estuvo en lo que significó cada uno de esos goles encajados, y lo que se consiguió rentabilizar con los goles conseguidos.

El Lille tuvo dos victorias menos que el PSG, 24 el primero y 26 los segundos. La diferencia de empates fue notable. El Lille empató hasta en 11 ocasiones, mientras que el PSG lo hizo cuatro veces. Pero la verdadera diferencia estuvo en el apartado derrotas. Sólo tres veces un equipo pudo derrotar al Lille, mientras que el PSG salió derrotado ocho veces.

Una de las cosas que llama poderosamente la atención es que hubo tres ocasiones en las que el PSG marcó dos goles pero no sacó victoria. Perdió contra Lorient y Monaco 3-2, y tuvo un empate a dos contra el Bordeaux. Y si el equipo no era capaz de marcar goles, lo más probable era que perdiera. Los parisinos perdieron 1-0, en casa o de visitante, contra Lens, Marsella, Lyon y Lille. También perdió 0-2 contra el Mónaco, revitalizado por Nico Kovac. De los cuatro empates que sacó, sólo uno fue un 0-0, contra el Lille.

El contraste con el Lille es profundo, porque cuando el equipo no lograba marcar, que fue en cuatro ocasiones, ello siempre significó un empate a cero. Ello sucedió contra PSG, Saint-Etienne, Monaco y Brest. Por otro lado, 17 de sus victorias fueron con la valla invicta. Es decir, el Lille dejó la portería en cero en la Ligue 1 hasta en 21 ocasiones. Y solamente en un partido el Lille anotó dos goles y ello no significó una victoria. Esto ocurrió en partido que acabó 3-2 contra el Brest. Sus otras dos derrotas fueron 2-1 contra Angers, el 6 de enero, y contra el Nimes, el 21 de marzo. 

Otras de las virtudes del Lille fue que, pese a tener su fuerte en la defensa, también sacó victorias en partidos en que recibió dos goles. Ganó 2-3 a Lyon, en un partido en el que ambos se jugaban el liderato de la liga francesa, y a Montpellier. Ambos como visitante.

Pero al final, fue la defensa del Lille la que ganó el campeonato, y la defensa del Paris Saint-Germain en los partidos decisivos la que permitió al Lille llevarse el título. Y eso se veía claramente en la forma de jugar del Lille. Cuando defendía, lo hacían de forma compacta juntando las líneas, dándole a los rivales las bandas del terreno y permitiendo centros laterales. Permitía esto porque sus centrales son muy altos (José Fonte mide 1,91m y Sven Botman 1,95m). Además, son una combinación de experiencia, con el portugués cumpliendo 37 años esta temporada, con juventud prometedora con un Botman que empezó la temporada con tan solo 20 años. El portero, Mike Maignan, demostró mucha confianza para salir de su portería para atrapar los centro que eran enviados.

Con una defensa que demostró ser la mejor de la Ligue 1, al Lille le bastó con ser el cuarto mejor ataque. La frase acuñada por Sir Alex Ferguson que dice que “el ataque gana partidos, la defensa gana campeonatos” resultó ser totalmente ajustada a la realidad.

 Un mérito enorme

El Lille ha sido un equipo que en los últimos años ha vendido a jugadores que han conformado la columna vertebral a lo largo de los año. Vendieron a Victor Osimhen al Nápoli 70 millones de euros. A Nicolas Pepé y Gabriel Magalhaes los vendieron al Arsenal por 72 millones y 30 millones respectivamente. Las incorporaciones, Burak Yilmaz, Jonathan David y Sven Botman (las más destacadas) no supusieron un desembolso demasiado grande comparado con lo que ingresaron y al final del mercado de traspasos del verano de 2020 el Lille tuvo un saldo positivo de 58,7 millones de euros. Y esas incorporaciones fueron fundamentales para el título de la Ligue 1.

Viendo la forma en cómo se ha manejado el equipo, resulta difícil pensar que todos estos jugadores se queden en el equipo. Salvo Burak Yilmaz, por su veteranía, uno podría pensar que sí sería más fácil de retener. Pero su compañero de ataque, el canadiense Jonathan David, así como el volante Boubakary Soumaré, el lateral derecho Zeki Celik, el central Sven Botman, el arquero Mike Maignan, los extremos Jonathan Bamba y Jonathan Ikoné han hecho lo suficiente como para llamar la atención de equipos que estén dispuestos a darles una mejora salarial. Incluso el propio entrenador, Christophe Galtier, estará en demanda tras este ejercicio de golpear por encima de su propio peso. Y el Lille siempre ha demostrado ser un equipo que está dispuesto negociar. ¿Cambiará esa postura tras el campeonato de liga? ¿Querrán hacer otro ejercicio de borrón y cuenta nueva?

El reto sin duda será ya no el haber asaltado la cima del fútbol francés. Pero una cosa es llegar a la cima, y otra muy distinta es establecerse. Y el PSG seguramente querrá enmendar esta temporada. El Lille deberá decidir si seguir el mismo camino de temporadas anteriores, o cambiar el rumbo y comportarse como un equipo campeón, que no permite el traspaso de sus mejores jugadores salvo una oferta imposible de rechazar. De momento, es muy importante resaltar que el fútbol hoy en día, pese a los grandes desembolsos de dinero, todavía puede premiar a los equipos que operan con presupuestos inferiores. Eso es lo bonito de este deporte. Y esa es la importa de la victoria liguera del Lille.