Vinicius Jr. ha mejorado mucho su rendimiento desde el inicio del segundo trimestre del 2021. Mientras más confianza se le dio, más ha mejorado. Imagen de All-Pro Reels, con licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 2.0 Generic.

Hay futbolistas que tienen la materia prima para ser excelentes jugadores. Sin embargo, lo que uno ve en el campo del rendimiento, la producción o los resultados (goles, asistencias y como se desenvuelve el jugador en el campo) no está a la altura de un potencial o un talento que se considera como innegable y evidente. Y allí es donde entra la confianza. Porque cuando hay entrenadores que se cuelgan la medalla por haber hecho debutar a un determinado jugador también hay que ver con lupa con qué insistencia se apuesta por el jugador joven. Si el jugador a la primera que no rinde es sustituido o empieza a ser menos frecuentes en las convocatorias, le haces un daño a su confianza. Si por el contrario, el jugador se acostumbra a jugar frente en un estadio lleno y puede probar en ese ambiente lo que funciona y lo que no, desarrollar fortaleza ante las críticas, y empezar a ver de lo que es capaz de producir, entonces ese jugador va a mejorar.

Es el caso de Vinicius Jr., quien llegó al Real Madrid procedente del Flamengo antes de cumplir los 17 años. Es un jugador eléctrico, con mucha energía en sus conducciones y en sus dribles. Esa misma energía parecía interponerse en su acierto cuando disparaba a puerta. No sólo es que no acertaba, sino que sus remates se iban muy desviados cuando ese resultado parecía ser lo más difícil que ocurriera.

Mientras menos partidos disputaba el brasileño, más se repetían esas situaciones de muy poco acierto frente a la portería rival que suscitaban las burlas de muchos. Pero todo lo que el jugador hacía antes de llegar a la portería —el drible, la conducción, moverse al espacio, encarar— es sumamente valioso. Sólo faltaba la guinda sobre el pastel, pero ese pastel ya estaba. Los cuartos de final que el Real Madrid jugó contra el Liverpool en la temporada 2020-2021 pareció el inicio de un achispa que le valió al jugador poder jugar más minutos en el equipo, al anotar. Y mientras más jugó, pudo refinar ese último toque que puede impulsarlo a ser un jugador de élite.

Esta temporada es su temporada más goleadora desde que llegó al fútbol europeo. Siete goles, pero lo que llama la atención es que ha llegado a esos números en el inicio de la temporada. Con muchos partidos menos. La progresión en el futbolista es notable. Y todo ello tiene que ver con la confianza que se tiene. El primer gol que anotó en el partido contra el Shakhtar Donetsk, picando la pelota sobre el arquero, fue una demostración de esa confianza. Es verdad que la jugada así lo pedía. El segundo gol fue una demostración aún mayor de esa confianza, en la que el jugador se fue de tres jugadores que retrocedían y le cedían espacio. La definición, con fuerza y la pierna menos hábil, también viene a demostrar esa confianza de que el jugador sabe que ese balón terminará en la portería.

Así, el jugador ya tiene todas las herramientas para desarrollarse como futbolista y mejorar. Una buena condición física, técnica y talento, y la confianza necesaria para trabajar en las debilidades de su juego.