Sobre la medianoche del domingo 18 de abril, 12 clubes europeos (seis ingleses, tres italianos y tres españoles) anunciaron la creación de la Súperliga Europea. Esto se produce antes de que la UEFA pudiese anunciar los cambios de formato para la competición insigne que regula: la Champions League. Se trata entonces de una competición que busca funcionar con mayor (o incluso total) autonomía del organismo europeo regulador del fútbol, la UEFA, y quedarse con mayores ingresos. En esta competición, los equipos fundadores tendrían un puesto garantizado en ella, por lo que se elimina la meritocracia inherente del fútbol europeo. Se pasaría al sistema de franquicias que existe en los Estados Unidos donde no hay descensos y ni ascensos.

Desde su fundación y durante años, el fútbol ha sido un deporte donde lo importante ha sido competir para ganar trofeos. Esto ocurrió porque los dueños de los equipos eran asociaciones de aficionados. Lo cual sigue siendo el caso en equipos como el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona (entre los equipos promotores de la Súperliga) que tenían como objetivo ganar, y no la obtención de beneficios económicos.

 Sin embargo, la Súperliga Europa tiene varios años en la opinión pública. Los grandes equipos y los que están dentro del grupo fundador de esta competición (Real Madrid, Barcelona, Manchester City, Manchester United, Liverpool, Chelsea, Arsenal Tottenham, Juventus, Inter de Milán y AC Milan) estaban buscando una forma de obtener un mayor control de los ingresos que iban a recibir por los partidos jugados. Esto explica que por ejemplo, Arsenal y Tottenham estén entre los equipos invitados a jugar esta Súperliga sin haber ganado una Champions League. Son considerados equipos más grandes que Benfica, Porto o Ajax —equipos que sí han ganado la Copa de Europa— sobre la base de jugar en una liga que da más audiencias que la portugesa (Benfica y Porto) y que la holandesa (Ajax). Queda claro entonces que la consideración de lo que es ser un club grande es una consideración en cuanto a capacidad de generar beneficios económicos, y no en cuanto a cuestiones que hablen del equipo como activo cultural (historia y méritos deportivos, vínculos con la comunidad, y otros intangibles).

 Los aficionados han estado acostumbrados a que los beneficios de jugar en una competición europea vienen precedidos de méritos deportivos demostrables. En Inglaterra, Alemania, Italia y España, quedar entre los cuatro primeros clasificados significa jugar en la Champions League. Ganar la Liga significa ser un cabeza de serie, lo cual significa que no se podrá jugar en la fase de grupos contra otros campeones de liga de sus respectivos países. Los puestos quintos y sextos de las ligas más importantes de Europa por lo general conllevan la clasificación a la segunda competición más importante del continente: la Europa League. En este caso, la meritocracia deportiva implica resulta en una mayor democracia porque los equipos más pequeños solo necesitan de un buen rendimiento para poder jugar contra los mejores del continente.

 Sin embargo, es justamente esta democracia y meritocracia lo que quiere eliminar la Súperliga. Andrea Agnelli, presidente de Juventus, dijo hace una temporada que no era justo que Atalanta, un equipo sin historia, pudiese jugar la Liga de Campeones en detrimento de otros equipos más grandes y que tenían grandes inversiones que dependen de los recursos provenientes de las transmisiones de esta competición. Un año más tarde, se materializa una propuesta de competencia de élite en la cual no faltará la Juve jamás, aunque sus méritos deportivos no estén a la altura en una temporada (o varias). A la actuación de Agnelli se le debe poner mucha atención, porque mientras conspiraba para crear esta Súperliga Europea, también se desempeñaba como presidente de ECA (Asociación de Clubes Europeos por sus siglas en inglés). Esta propuesta puede hacerle mucho daño a equipos que verán como ya no podrán clasificarse a la competición de élite, y que su poder para atraer jugadores se verá disminuido a favor de estos equipos. Ed Woodward, director ejecutivo del Manchester United, también tenía un cargo en la UEFA dentro del Consejo de Estragia de Fútbol Profesional. Ambos han renunciado a sus cargos para seguir adelante con la Súperliga Europea.

 Esta forma de dejar atrás las tradiciones, impulsada por los dueños americanos de los equipos de fútbol en Inglaterra (Tottenham, Arsenal, Manchester United y Liverpool), para hacer un modelo cerrado que garantice beneficios económicos ha hecho que los fanáticos se sientan enardecidos. Con la masa social en contra, con la UEFA diciendo que está absolutamente en contra de la Súperliga Europa y amenzando con prohibir su participación en las competiciones, y con el primer ministro del Reino Unido diciendo que luchará en contra de la nueva competición, todavía queda mucho por decir en este drama que se está produciendo.