La Premier League repite el dominio en Europa, con dos equipos ingleses en la final de la UEFA Champions League (Manchester City y Chelsea) y un equipo en la final de la Europa League (Manchester United). La situación de dominio es aún mayor, porque es casi igual a la de hace sólo dos años, cuando en 2019 Chelsea y Arsenal jugaron la final de la Europa League, mientras que Liverpool y Tottenham Hotspur disputaron el mayor trofeo continental. La Premier League de Inglaterra tiene algo de lo que se propuso en su momento en la Súperliga, pero conservando la esencia competitiva que tanto gusta del fútbol: los descensos a divisiones inferiores, y clasificación a competiciones europeas basada en el mérito deportivo.

La máxima categoría del fútbol inglés pasó a denominarse como Premier League en 1992, cuando un grupo de equipos denominados en aquel momento como Big Five (Liverpool, Manchester United, Arsenal, Tottenham y Everton) se reunieron con el director ejecutivo de London Weekend TV para ofrecer una visión en la que la liga inglesa generaría mayores ingresos para los equipos. Bajo la nueva denominación, esta nueva competición llamada la English Premier League negociaría los derechos televisivos sin intermediación de la federación inglesa de fútbol (FA). Se acordó que los ingresos serían distribuidos mediante un esquema conocido como el 50-25-25. Esto significa que 50% de los ingresos son distribuidos de forma igualitaria. Un 25% se reparte según la clasificación en la Premier League. Y el 25% restante se reparte según los equipos que más audiencias generaron. La consecuencia de una repartición igualitaria de ingresos significa que hay mayor competitividad. Y con mayor competitividad, la liga se vende mejor. Como la Premier League se vende mejor, los equipos ganan más dinero y son capaces de gastar más, atrayendo los mejores jugadores de Europa. Y así, tenemos como por segunda vez en tres años hay una final inglesa en la Liga de Campeones (y no son los mismos equipos), mientras que en la Europa League hay un finalista inglés.

La alta competencia es lo que ha traído los altos ingresos, y la dominación que eso ha conllevado. La Súperliga Europea quería acabar con esa competencia, para que hubiesen unos pocos equipos con derecho vitalicio de permanecer en un torneo que pasaría a ser el de élite en el continente europeo, cuando en el actual régimen los equipos deben ganarse el acceso a la Champions League mediante méritos deportivos. Ése es justamente el atractivo del fútbol europeo.

 En la medida en que en España, por ejemplo, se siga protegiendo a los equipos que siempre han ganado La Liga de forma casi ininterrumpida (Barcelona, Real Madrid, y alguna vez el Atlético de Madrid en la última década), la competición será devaluada año tras año, a tal punto que la distancia con la Premier League puede convertirse en insalvable.

 El próximo año tendrá la irrupción del Leicester City en los puestos de Liga de Campeones, si no sucede un milagro. Un equipo que hace ocho años jugaba en la segunda división inglesa. Ese mismo equipo que una temporada sufrió para mantener la categoría, a la siguiente ganó la liga y no ha vuelto a mirar atrás. No importa que la Premier League sea una liga en la que hay un dinámica de gasto de dinero muy superior. Si se gestiona bien un equipo, se pueden lograr los resultados que hoy cosecha el Leicester. Por otro lado, Arsenal y Tottenham se han quedado muy relegados, porque en un ecosistema donde los equipos avanzan y se fortalecen constantemente, el estancamiento es efectivamente un retroceso. Equipo como West Ham, Everton, Aston Villa, o Wolverhampton Wandereres gastan dinero en atraer muy buenos jugadores. Y mientras eso sucede, el Arsenal en los últimos años malgastó su dinero con fichajes muy cuestionados como Mustafi, Kolasinac y Willian.

 La Súperliga efectivamente ya existe, porque en la Premier League uno siempre tiene garantizado que el partido será competido pese a que hayan favoritos. Pero la diferencia es que el favorito nunca puede ir a media marcha, cosa que sí sucede en La Liga. Si el Manchester City no da el 100% contra equipos como el Leeds o el Crystal Palace, es posible que salga del partido con una derrota. Y esa garantía de competición es lo que atrae el dinero que tanto persiguen los proponentes de la Súper Liga.