Yangel Herrera anota un gol para la vinotinto sub20 en el año 2017, para clasificar a la selección al mundial de la categoría en Corea, en el año 2017. Foto de Agencia de Noticias ANDES, con licencia Creative Commons Attribution – Share Alike 2.0 Generic.

Cuando Richard Páez llegó al puesto de entrenador de la Selección de Venezuela, la evolución que se tenía que dar era para hacer que ‘la vinotinto’ pasara de ser una selección que garantizaba la victoria del rival, a una que pudiese competir. Y eso fue lo que ocurrió. El gran paso lo dio el Dr. Páez, y luego se dieron pequeños pasos —con César Farías y Rafael Dudamel— para seguir ofreciendo al fútbol venezolano un mayor caché.

Algunos hitos del fútbol venezolano en todo ese período fueron ganarle a Uruguay en Montevideo 3-0 y  el arribo de Juan Arango a La Liga española. También la selecciones inferiores, tanto masculinas como femeninas, pudieron ir a mundiales. Una de esas selecciones, la sub20 masculina, consiguió un segundo puesto en el mundial sub20 de 2017. Esa generación de Yangel Herrera, Yeferson Soteldo y Wuilker Faríñez ya está en la selección mayor. Y aunque a nivel individual se les ve muy bien, los éxitos de la selección venezolana siguen siendo evasivos.

La selección parece que se ha topado con un techo de rendimiento. En los últimos partidos de la eliminatoria mundialista y la Copa América esto se ha visto con mucha claridad. No se les puede echar en cara una falta de esfuerzo. Pero lo que sí se puede ver es que al equipo le cuesta mucho progresar el balón a través del pase. La gran mayoría de las transiciones de defensa al ataque se hacen gracias a las buenas conducciones de Tomás Rincón, Yangel Herrera, Rómulo Otero o Jefferson Savarino. Pero estas conducciones casi siempre terminan de la misma manera: una falta del rival, que interrumpe el juego de ‘la vinotinto’ y que al final lo más que se consiguió fue una ganancia de metros.

Así, los rivales de la selección venezolana casi siempre se ven muy cómodos en el campo y sólo necesitan de acierto para poder llevarse un triunfo. Lo que se puede ver desde afuera, es que en primer lugar José Peseiro debería incidir en esta situación de forma urgente. Uno, a través de indicaciones que le den confianza a los jugadores para poder pasar el balón con mayor fluidez.

Tiene que haber más movimiento de los posibles receptores. También los jugadores que podrían ser usados en el rol del ‘10’ (Cristian Cásseres Jr., Rómulo Otero o Yeferson Soteldo) deben tomar responsabilidades. Tienen que empezar a dejar esas conducciones para el último tramo del campo. Así, podrían dedicarse a lo que necesita el equipo: que alguien aporte al volumen de juego a través de los pases.

La vinotinto debe ponerse al día con el fútbol moderno

‘La vinotinto’ entonces necesita dar un paso hacia un fútbol que se practica ya en cualquier país que tenga cierta tradición futbolística. Un fútbol que exija el aprovechamiento de las virtudes técnicas de los jugadores, y que el aspecto físico esté al servicio de esas virtudes técnicas.  Es decir, se tiene que ver más movimiento cuando se tiene el balón, para que haya una mayor cantidad de posibles receptores. Y todo ello tiene que suceder de forma automática en el terreno de juego.

Por ello se trajo, cuando se trajo a José Peseiro, uno podría haber pensado que por fin vendría una corriente moderna de fútbol. Desafortunadamente, esta capa de calidad que se le debe añadir al fútbol de la selección todavía no ha llegado. Es cierto que las lesiones y el COVID-19 se han ensañado con la vinotinto. Pero también lo es que no se ha visto un juego que contenga una identidad propia. Y eso es preocupante de cara a lo que queda de eliminatorias mundialistas, rumbo a Catar 2022.

El paso que debe dar Venezuela, entonces, no es uno de pasar de la nada a poder competir. Ése paso ya se dio y se logró dar gracias a un trabajo de manejo de grupos. Se tuvo que convencer a los jugadores de sus propias capacidades, de que no hay razón por la que no podrían ganarle al rival de turno. Ahora, la selección tiene jugadores para poder decir que —salvo Uruguay, Brasil y Argentina— no hay selecciones que sean inherentemente superiores a ‘la vinotinto’. Y esa realidad exige otro tipo de planteamientos para evolucionar a la selección y hacer que tenga una oportunidad real de ir a un mundial.

La gran tragedia que se puede palpar hoy en día en el fútbol venezolano es la de constatar que efectivamente se tiene con qué. Se puede ver que hay jugadores venezolanos que destacan en distintas ligas, ya sea en Europa, Sudamérica o la MLS. Pero lo que se está viendo a nivel colectivo en el terreno de juego no invita a imaginar a la selección venezolana en un mundial.

Salvo un cambio radical en el juego, los venezolanos tendrá que conformarse con el hecho de que en otra edición del Mundial de Fútbol no podrán apoyar a la selección de su país. La Federación Venezolana de Fútbol, que por fin tiene una nueva dirigencia, tendrá que poner a alguien en la secretaría técnica para que se pueda evaluar la labor de José Peseiro. Si necesita más recursos, o si sencillamente no es la persona adecuada para llevar a Venezuela a un mundial.