Arsene Wenger trajo una visión de juego al Arsenal que hasta entonces no se había visto ni en los ‘gunners’ ni en la Premier League. Ahora, parece que hay estructura deportiva para seguir esa visión. Imagen de Ronnie MacDonald, con licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic.

Sir Alex Ferguson y Arsene Wenger son dos ejemplos de entrenadores que a lo largo del tiempo demostraron tener una visión de cómo debe gestionarse un equipo. Esas visiones (convertidas en cultura de organización) pueden sobrevivir en el tiempo para bien o para mal. Otro visionario que implantó su filosofía en su club, el Barcelona, fue Johan Cruyff. Esa visión fue trasladada del campo de juego a los despachos de los directivos para llegar, en definitiva, a toda la organización (al menos en el fútbol). En el caso de Ferguson y Wenger, no necesitaban de un director deportivo porque eran ellos los dueños de esa visión. Pero una vez fuera de sus cargos, esa visión necesita convertirse en cultura. Es decir, que los trabajadores asuman esa visión y guíen su forma de trabajar y operar.

En el caso del Barcelona, quedó claro con lo que hoy es denominado ADN Barça y la constante promoción de jugadores provenientes de las divisiones inferiores del club (La Masía). El ADN Barça es usado para promover un tipo de juego específico, que es el que le ha dado al barcelonismo las cinco Champions League que tiene en sus vitrinas y la capacidad de ganar de forma sostenida desde que Johan Cruyff llegó al banquillo del Barça en 1988. En el Arsenal, pareciera que ya por fin han dado con la estructura deportiva y burocrática que podría darle vida a la visión de Wenger tras su salida del club. Tras la salida del francés, una serie de personas fueron acumulando poder en el área deportiva, más notablemente Sven Mislintat y Raül Sanllehí, hasta que este último —previo a su salida— nombró a Edu Gaspar Technical Director (director deportivo, o secretario del área técnica). Tras el período de tumulto, ahora quedan en esa estructura deportiva varios nombres que conocen la visión de Arsene Wenger: Mikel Arteta, que es el entrenador; Per Mertesacker, que es el director de la academia (Hale End); y el propio Edu —miembro del equipo que ganó la Premier League sin perder un solo partido— quien ahora es el director deportivo.

Más tumbos ha dado el Manchester United desde la salida de Ferguson. Una falta de dirección deportiva ha hecho que el equipo haya puesto a varios entrenadores con filosofías sumamente distintas entre sí: de David Moyes a Louis Van Gaal, de Van Gaal a Mourinho, para pasar del portugués a Ole Gunnar Solksjaer. El entrenador noruego, que jugó a las órdenes de Ferguson, siempre iba a traer consigo algo similar a lo que fue su gran mentor. Pero sin una estructura deportiva que lo acompañe, ni una filosofía de juego con fundamentos tácticos claros, al final se ha visto a un equipo que acumula estrellas pero que no es capaz de ganar títulos. Han habido buenas rachas que permiten clasificar al equipo a la Liga de Campeones, pero han estado basadas en una buena efectividad de cara a la portería contraria y de tener mejores jugadores. No hay una dirección deportiva que busque una visión a largo plazo. Ella recae sobre el entrenador, y si el entrenador no aporta resultados, se cambia. Y así, se cambia de visión según el entrenador que haya.

Hay que decir que, recientemente, el Manchester United estrenó una estructura que diseñará la política deportiva. Estará a cargo de John Murtough (Director of Football) y Darren Fletcher (Technical Director) y con ellos se podrá ver si el legado de Ferguson perdura a través de la nueva burocracia que se ha establecido, viendo sobre todo que ahora hay pupilos de Ferguson en varios cargos del club (Solksjaer de entrenador, Michael Carrick de asistente, y Fletcher como director del área técnica). A lo mejor Solksjaer no estará para ver el momento en que el United vuelve a ser un equipo que compite por títulos, ya que a las estructuras deportivas hay que evaluarlas a largo plazo. Los entrenadores suelen ser evaluados en el corto plazo, aunque ello no siempre es lo mejor. Y la dirección deportiva a lo mejor decidirá que Solksjaer no es el apropiado para llevar al United a dónde debe estar en el largo plazo. También es posible que la dirección decida que es que no se le apoyado con el perfil de jugador adecuado. 

El Barcelona, por su parte, fue perdiendo el rumbo lenta pero seguramente desde la salida de Luis Enrique. No fue porque el entrenador no quisiera un juego de posesión —es decir, el estilo cruyffista— sino porque el método para implementarlo se fue perdiendo. El método es parte fundamental de la cultura, ya que para jugar un fútbol de posesión no basta con ordenar que se haga. Debe haber un entrenamiento intenso que permita presionar al rival para recuperar el balón, y moverse constantemente cuando se tiene la posesión para siempre ofrecer opción de pase. Carles Pérez, Malcolm, y Konrad de la Fuente todos relataron que, tras salir del Barça, la intensidad de los entrenamientos aumentó considerablemente. Los días libres en el equipo catalán se hicieron lugar común a las órdenes de Ernesto Valverde y Ronald Koeman. La vuelta de Xavi ya ha significado que se filtren las nuevas normas que el exjugador traerá. Y la buena noticia es que seguramente será respaldado por la directiva. Es más, ésta es la razón por la que Xavi no llegó tras la destitución de Valverde —con Bartomeu siendo presidente— y sí tras la destitución de Koeman —con Laporta como presidente del Barcelona. El primero no estaba convencido con respecto a la cultura del ADN Barça y las razones de su éxito (búsqueda de la excelencia mediante entrenamientos rigurosos y apoyo a la visión del entrenador), mientras que con el segundo seguramente será respaldado.

Cuando un club que tiene unos valores, y esos valores se convierten en cultura, se vuelve sumamente contraproducente darle la espalda a esos valores y cultura. Por eso, un entrenador como el ‘Cholo’ Simeone no debería aceptar un trabajo en el Arsenal o Barcelona, ni esos equipos considerarlo para el puesto.

Ante la aparición constante de rivales que pueden ofrecer más dinero y mejores salarios, la palanca competitiva que puede equilibrar la balanza es la visión que tiene un equipo, y lo mucho que se ciña a ella. Cada vez más se puede notar como los equipos que tienen una identidad clara de juego son los que mejor compiten. La cultura de organización, que suele provenir de la visión de un gran entrenador o dirigente, es un gran aliado para llegar a esa identidad de juego sin grandes contratiempos.