La jornada 26 de la Premier League dejaron varias actuaciones arbitrales muy controversiales. Habiendo la posibilidad de usar el vídeo arbitraje, ya existen cada vez menos posibilidades de que los árbitros se escuden ante decisiones que, como muy poco, generan muchas dudas.

Dos jugadas en particular son muy resaltables.Una, en el 0-0 entre Chelsea y Manchester United, cuando Callum Hudson-Odoi extendió su brazo para apoyarse sobre Mason Greenwood. Su mano toca el balón (de forma no intencional) y termina siendo fundamental para controlar el balón y defender la jugada. Como la mano era dentro del área, lo cual acarrea un penal, el VAR entró y dejó en manos de Stuart Atwell volver a ver la jugada y decidir. Al final, el árbitro decidió que no era penal.

Con el beneficio de la repetición, y una mano extendida de forma no natural (aunque sea en el marco de una disputa por el balón) que permite obtener una ventaja para defender, la decisión tendría que haber sido relativamente fácil. Penalti. Y uno podría sentir cierta simpatía por Callum Hudson-Odoi porque su mano extendida también responde a una disputa mientras se está corriendo. Pero lo cierto es que es una mano extendida que termina otorgando una ventaja al tocar con el balón.

Lo que sí fue una situación surreal fue la de un gol anulado al Brighton and Hove Albion en su partido contra el West Bromwich Albion. En un tiro libre y con el arquero todavía acomodando la barrera, el defensa del Brighton Lewis Dunk pregunta al árbitro si puede ejecutar la falta. Lee Mason le dice que sí y pita. Pero en un momento de duda, el árbitro vuelve a pitar antes de que el balón entre. Tras las reclamaciones airadas del Brighton, Mason da el gol. Pero luego el VAR recuerda que el árbitro había pitado en esa segunda ocasión antes de que ingresara el balón en la portería. Con esa intervención, se revierte la decisión del gol.

Por supuesto, la situación fue muy extraña y deja con un muy mal sabor de boca ya que el Brighton terminó perdiendo 1-0 y corre peligro de descender, y jugaba contra otro equipo en esa misma situación.

Días después, en el partido entre Fulham y Tottenham, al equipo dirigido por Scott Parker le quitaron un gol por una mano involuntaria a Mario Lemina. La mano estaba en una posición completamente natural, y si el balón no impactaba en su mano iba a impactar en su cadera. Además, la distancia entre Davinson Sánchez y Lemina cuando el colombiano rechazó el balón era muy pequeña. Sin embargo, el reglamento dice que ninguna mano en una jugada que acaba en gol puede ser considerada válida. Pero lo cierto es que el gol de Josh Maja fue anulado por el árbitro David Coote por una mano mucho menos intencional, y más ajustada al espíritu del deporte, que la mano que no fue sancionada a Callum Hudson-Odoi contra el Manchester United apenas unos días antes.

Que se establezcan responsabilidades y que haya mayor transparencia en las decisiones arbritrales (sobre todo las polémicas) es una de las grandes reivindicaciones de la semana. Ya que los entrenadores y los jugadores por lo general deben ofrecer explicaciones sobre sus actuaciones —y muchas veces se prescinde de sus servicios por malas actuaciones—, mucha de la conversación que se puede observar va en torno a que se pueda al menos entender el razonamiento de por qué se toman determinadas decisiones. Rio Ferdinand, exjugador del Manchester United visiblemente molesto por la decisión, sugirió que se ponga un micrófono a los árbitros que sean audibles en la televisión para poder al menos entender el camino lógico que conduce a una determinada situación.

Con el beneficio de la repetición, y una mano extendida de forma no natural (aunque sea en el marco de una disputa por el balón) que permite obtener una ventaja para defender, la decisión tendría que haber sido relativamente fácil. Penalti. Y uno podría sentir cierta simpatía por Callum Hudson-Odoi porque su mano extendida también responde a una disputa mientras se está corriendo. Pero lo cierto es que es una mano extendida que termina otorgando una ventaja al tocar con el balón.

Lo que sí fue una situación surreal fue la de un gol anulado al Brighton and Hove Albion en su partido contra el West Bromwich Albion. En un tiro libre y con el arquero todavía acomodando la barrera, el defensa del Brighton Lewis Dunk pregunta al árbitro si puede ejecutar la falta. Lee Mason le dice que sí y pita. Pero en un momento de duda, el árbitro vuelve a pitar antes de que el balón entre. Tras las reclamaciones airadas del Brighton, Mason da el gol. Pero luego el VAR recuerda que el árbitro había pitado en esa segunda ocasión antes de que ingresara el balón en la portería. Con esa intervención, se revierte la decisión del gol.

Por supuesto, la situación fue muy extraña y deja con un muy mal sabor de boca ya que el Brighton terminó perdiendo 1-0 y corre peligro de descender, y jugaba contra otro equipo en esa misma situación.

Días después, en el partido entre Fulham y Tottenham, al equipo dirigido por Scott Parker le quitaron un gol por una mano involuntaria a Mario Lemina. La mano estaba en una posición completamente natural, y si el balón no impactaba en su mano iba a impactar en su cadera. Además, la distancia entre Davinson Sánchez y Lemina cuando el colombiano rechazó el balón era muy pequeña. Sin embargo, el reglamento dice que ninguna mano en una jugada que acaba en gol puede ser considerada válida. Pero lo cierto es que el gol de Josh Maja fue anulado por el árbitro David Coote por una mano mucho menos intencional, y más ajustada al espíritu del deporte, que la mano que no fue sancionada a Callum Hudson-Odoi contra el Manchester United apenas unos días antes.

Que se establezcan responsabilidades y que haya mayor transparencia en las decisiones arbritrales (sobre todo las polémicas) es una de las grandes reivindicaciones de la semana. Ya que los entrenadores y los jugadores por lo general deben ofrecer explicaciones sobre sus actuaciones —y muchas veces se prescinde de sus servicios por malas actuaciones—, mucha de la conversación que se puede observar va en torno a que se pueda al menos entender el razonamiento de por qué se toman determinadas decisiones. Rio Ferdinand, exjugador del Manchester United visiblemente molesto por la decisión, sugirió que se ponga un micrófono a los árbitros que sean audibles en la televisión para poder al menos entender el camino lógico que conduce a una determinada situación.