Foto de los candidatos a la presidencia del Fútbol Club Barcelona de las elecciones de 2015, ganada por Josep María Bartomeu tras el triplete conseguido por Luis Enrique. Joan Laporta se convirtió el 7 de marzo de 2021, en el único presidente culé electo democráticamente en dos períodos diferentes separados en el tiempo. Foto de Roderic Alves, con Licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International.

Una nueva derrota por paliza contra el Bayern de Múnich por la Champions League ha puesto de manifiesto lo lejos que está el Barcelona de su mejor versión. De hecho, lo que se asociaba desde 2009 con el estilo propio del Barça, ahora ha sido cooptado por el Bayern. Los bávaros empezaron la andadura por el camino ‘cruyffista’ con la contratación de Guardiola. Tras el paso de Carlo Ancelotti, Jupp Heynckes y Niko Kovac, la dirigencia del Bayern se habrá percatado de que el equipo estaba configurado para jugar de una forma particular. Por eso se trajo a Hansi Flick, lo cual trajo mucho éxito. Y ahora, con Julian Nagelsmann en el banquillo, los bávaros le dieron  a los culés un repaso de fútbol ofensivo y de posesión. Un equipo que hace las cosas bien constantemente dejó en evidencia a un equipo que viene de varios años de deriva.

De ese 8-2 encajado ante el Byaern que fue el eventual ganador de la Champions League, hay varios cambios. Hay un entrenador distinto en el banquillo (Ronald Koeman, antes estaba Quique Setién) y Philippe Coutinho estaba prestado en el Bayern —lo cual fue como ponerle sal a una herida que ya era suficientemente dolorosa—. Griezmann estaba en el banco de suplentes, propiciando una situación en la que el jugador francés, junto con Coutinho y Ousmane Dembelé, formaban parte de un tridente de jugadores que sobrepasaron cada uno los €100.000.000 en traspasos. Dos estaban en el banco del Barça, y el otro jugó para el Bayern. La otra diferencia respecto al 8-2 es que Leo Messi tuvo que ser parte de esa humillante derrota. Hoy el argentino está en PSG, luego de una última temporada en la que contribuyó, con su burofax, a la salida Josep María Bartomeu. En este último 0-3 ya había directiva nueva, aunque con muy poco margen maniobra. Koeman, entrenador que no es de confianza de Joan Laporta, no puede ser despedido porque no hay dinero para el finiquito. Tampoco ha habido mucho capacidad para hacer fichajes con total libertad. Éstos en su mayoría han llegado tras la finalización de contratos (Memphis Depay, ‘Kun’ Agüero, y Eric García). Y por supuesto, el agujero en el equipo en forma de Lionel Messi. Intentar evaluar este inicio de la segunda presidencia de Joan Laporta en base a los resultados y el juego sería una injusticia.

Lo cual no quiere decir que la situación del Barça no sea sumamente mala. Pedirle a este equipo que compita contra el Bayern de Múnich, sencillamente, es mucho. Y eso es lo que más debe dolerle al aficionado del Barcelona. Una cosa es que el equipo alemán sea muy bueno y que en su día gane. Pero otra cosa es que le gane al Barcelona sin permitir un solo disparo a portería, y que la conclusión sea que todavía no es posible intercambiar golpes con el equipo liderado por Robert Lewandoski, Thomas Müller y Serge Gnabry. Un equipo de la talla del Fútbol Club Barcelona tiene que ser capaz de luchar contra lo que le pongan en frente.

Desafortunadamente, esta situación tiene sus inicios luego de que el Barcelona consiguiera el triplete del tridente Messi-Suárez-Neymar. Ya se empezaba a ver cuando el Barça perdió contra el París-Saint Germain 4-0 en el Parc des Princes. La euferia de la remontada eclipsó la realidad de que este equipo iba a menos. Ser eliminados por la Juventus luego de un 3-0 en Italia tuvo que haber invitado a la reflexión. En vez de ello, Luis Enrique y el Barcelona anunciaron que sus caminos se separaban. Se trajo a Valverde, que lejos de ser la persona exigente (e incluso que confronte a los jugadores cuando las cosas van mal), fue una especie de gerente que trajo trofeos domésticos, pero también eliminaciones humillantes en la Champions League (sufrieron una remontada ante la Roma de 3-0 tras haber ganado 4-1 en Camp Nou, y una a manos del Liverpool de 4-0 tras haber ganado en el Camp Nou 3-0). Cuando en la temporada 2019-2020 el equipo fue emparejado en cuartos de final contra un Bayern de Múnich en modo apisonadora, por supuesto que se temía lo peor. Y lo peor sucedió, con una eliminación mucho más humillante que todas las anteriores.

El golpe de timón que intentó Bartomeu, responsable en última instancia de los desastres del Barça, no fueron bien recibidos. Se prescindió de Quique Setién para traer a Ronald Koeman, quien fue integrante del ‘Dream Team’ de Johan Cruyff. Pero lo cierto es que Koeman tiene menos estilo ‘cruyffista‘ que el propio Setién. La contratación tiene tintes de táctica de relaciones públicas. Poner a un mito para recuperar la esperanza, pese a que su estilo no se ajusta a la identidad que favorece el Fútbol Club Barcelona. 

El trato y la salida de Luis Suárez, la de Rakitic y Arturo Vidal añadieron leña al fuego. Y luego, por supuesto, el burofax de Messi. Esta exposición de acontecimientos tiene que servir para que se entienda que todo lo malo que se cultivó a lo largo de los años es lo que se está recogiendo en estos momentos, y que sería ingenuo pedir que los correctivos tengan efecto inmediato.

La gestión de Laporta podrá empezar a vista de una forma más global a partir de la siguiente temporada, cuando tenga más margen de maniobra. Ya tendrán una temporada completa a sus espaldas con asistencia del público al estadio, y al resto de instalaciones relacionadas al turismo y hostelería (museo, por ejemplo) estarán produciendo ingresos nuevamente. Y se habrán visto los beneficios de los recortes de salarios de los jugadores y de gastos. También se decidirá si se prolonga el contrato de Koeman, o si los caminos del Barça y el neerlandés se separan. Entonces se verá quien encaja en la visión deportiva de Joan Laporta, apoyado en esta labor por Mateu Alemany en la dirección deportiva y por la asesoría de Jordi Cruyff.

Ya Laporta obró el milagro de traer éxito al Barça tras las presidencias de Joan Gaspart, Enric Reyna y dos comisiones gestoras. No hay razón para dudar de su capacidad para que —pese a la paupérrima situación económica del Barça— pueda devolver al Barcelona a la élite del fútbol y dejar atrás los ridículos de la era de Bartomeu. El curso 2021-2022 del Barça se antoja fascinante para el neutral. No así para el aficionado blaugrana.