La oposición a la Súperliga Europea fue muy fuerte desde que fue anunciada. Los fanáticos, viendo cómo se cambiaba un principio fundamental como es el de la competencia justo, y el acceso a las mejores competiciones a través de los méritos conseguidos. La UEFA y la FIFA vieron cómo en sus propias narices se anunciaba que el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, sería el presidente de esta propuesta de competición. Por su puesto que los presidentes de la UEFA y la FIFA —Aleksandr Ceferin y Gianni Infantino, respectivamente— no iban a consentir a que se les quitase una fuente de ingresos tan importante. A la pelea también se incorporó el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, quien detectó una oportunidad fácil de conseguir rédito político. El jefe de Gobierno del Reino Unido dijo que de ser necesario cambiaría las leyes para que la Súperliga Europea no viese la luz del día. Tras 48 de presiones constantes, los seis equipos de la Premier League más Inter, AC Milan y Atlético de Madrid anunciaron que se desligaban de la Súperliga. 

Buena parte de los equipos proponentes de esta  Súperliga son de propiedad americana (Manchester United, Liverpool, Arsenal y AC Milan). Estos dueños están acostumbradas a las competiciones cerradas, donde siempre están los mismos equipos. Por supuesto que el descenso no existe. Pese a los malos rendimientos se tendrá la participación asegurada en un torneo que supuestamente mide a los mejores de Europa. La tradición futbolística indica que debe ser lo contrario. Que el acceso a las competiciones más importantes del planeta es algo que los equipos luchan por obtener. Así como el ascenso o descenso está decretado por las posiciones en las ligas domésticas, que se pueda ir a una Champions League es algo que un equipo se gana tras una buena temporada. Y es este principio de competitividad que la Súperliga pretendía desterrar. 15 equipos, los fundadores, tendrían presencia garantizada. Otros cinco equipos podrían clasificarse por méritos deportivos, y esto es algo que Florentino Pérez resaltó mucho, pero no era suficiente para maquillar la realidad que efectivamente se cerraba la puerta a equipos más pequeños o de ligas con menos prestigio.

En el partido del Liverpool contra el Leeds, los jugadores del Leeds mostraron camisetas con el lema “Earn it” o “gánatelo”. El partido pese a ser jugado en Elland Road, estadio del Leeds, tuvo protestas en Anfield. Luego fue turno del Chelsea, en su partido en casa contra el Brighton. Las protestas de los aficionados fueron tal, que no pudo pasar el autobús del Chelsea hasta que salió Petr Cech a dialogar con los fanáticos. Estos acontecimientos se dieron, mientras que el Manchester City y el Chelsea ya empezaban a mostrar dudas. El City fue el primero en hacer publica su decisión de salir. Y le siguieron el resto de equipos ingleses. A esta desbandada británica le siguió el abandono el Inter, Milan y el Atlético de Madrid. Incluso salió un vídeo del dueño del Liverpool, John W. Henry, pidiendo disculpas. El comunicado del Arsenal en el que anuncia la retirada de la Súperliga Europea también incluye unas disculpas.

 El caso es que esta Súperliga Europea fue concebida en secreto. Aleksandr Ceferin, presidente de la UEFA, cuenta que le preguntó a Andrea Agnelli, presidente de la Juventus, si eran ciertos los rumores de que anunciarían la Súperliga y el italiano le respondió que no era cierto. Agnelli no le volvió a coger el teléfono a Ceferin, para luego anunciar la Súperliga y ser parte de su junta directiva. Esto significa claramente que la intención era hacer este proyecto alejado de los fanáticos, en secreto, y luego decirle al mundo que “esto es lo que hay, hay que montarse en el barco”.

Luego de 72 horas, el proyecto está muerto. Pero siendo el fútbol el negocio que es, no faltarán ganas para revivir la Súperliga Europea y aprender del desastre de relaciones públicas que ha sido.