Megan Rapinoe es una de las jugadoras que se ha querellado en contra de la USSF por disparidad salarial. Es un contrato que garantiza la estabilidad, pero que no ofrece las mismas bonificaciones. Foto de Jamie Smed con licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic.

En la lucha por la paridad de género en el fútbol—operativa y de compensación económica— hay un caso que pareciera que generará precedente. Muy probablemente sea el de la demanda de la selección femenina (USWNT, por sus siglas en inglés) contra la federación de su país (USSF, por sus siglas en inglés). Es un caso de muchos matices, y en el que ya se han desestimado algunas partes de la demanda, dada la diferencia de la estructura del pago a hombres y mujeres.

El juez R. Gary Klausner desestimó la parte de la demanda exigía pagos y responsabilidad por la desigualdad en la compensación de jugadores y jugadoras. Esto debido a que los contratos colectivos por hombres y mujeres fueron negociados de una forma diferente. La selección femenina pidió un contrato que garantizase los ingresos, aunque no jugasen (algunas futbolistas que tienen un estatus superior por haber jugado más partidos). Este contrato tendría una bonificación mucho más pequeña. En el caso de los hombres, el contrato es totalmente incentivado. Si un jugador no juega, no se le paga. Como ambas selecciones accedieron a sus contratos de forma libre, el juez desestimó esa parte de la demanda.

El juez, para tomar esta decisión, debe considerar que no existe la posibilidad de que un jurado se ponga del lado de la selección femenina. Y por ello, quienes representan a las jugadoras ya han hecho saber que apelarán esta decisión.

El argumento es que pese a que la decisión se tomó con libertad, esa libertad se vio coaccionada por la historia de discriminación contra las mujeres. Y que por ello, siempre se busca la estabilidad y seguridad, mientras que la selección masculina —cuyos jugadores gozan de mejores contratos en los clubes donde juegan— pueden permitirse el lujo de arriesgar no participar en la selección por una lesión. Para las mujeres, esa porción de ingresos que se dejarían de percibir puede dañar severamente la economía de una futbolista. La cuestión está en ver si el juez de apelaciones consideraría ese argumento como válido.

Las jugadoras también buscaron que la USSF se hiciera cargo de las diferencias en lo que ingresó la selección masculina francesa por ganar la Copa del Mundo en 2018 (38.000.000$) y la USWNT (4.000.000$). La presidenta de USSF, Cindy Parlow Cone, dijo que eso no es posible, y que algo así llevaría a la federación a la ruina.

El juez sí aceptó un acuerdo en el que se igualan las condiciones laborales de hombres y mujeres. Las mujeres tendrán el mismo personal de apoyo a su disposición, personal técnico, alojamiento y —lo más importante— jugarán en los mismos campos de fútbol que los hombres. Esto fue un tema de mucha importancia, dado que por lo general las mujeres jugaban en grama artificial. Y esta por lo general produce cortes y quemaduras, y en general las personas son más propensas a sufrir lesiones cuando juegan en campos de fútbol de estas características.

Hay que promocionar el fútbol femenino

Una cosa que llama poderosamente la atención es el hecho que desde la FIFA han salido propuestas de hacer el Mundial de Fútbol cada dos años. Y ya hay un compromiso de analizar la factibilidad de ese cambio. Es decir, que los jugadores y jugadoras no jueguen una excesiva cantidad de partidos, el tema de los calendarios de las distintas ligas, y un largo etcétera.

La FIFA es la que distribuye el dinero a las federaciones de cada país. Los organismos de cada continente tienen sus vías de ingresos a través de competiciones regionales (Copa Libertadores – Copa América, o Champions League – Eurocopa), así que las federaciones nacionales tienen todos los incentivos para poner más dinero en manos de la FIFA. Sin embargo, ¿no se está devaluando la Copa del Mundo? ¿No es justamente la escasez de este evento la que lo hace valioso? Y finalmente: Si la preocupación es hacer más dinero, ¿por qué no hacer que el fútbol femenino sea más rentable, tanto a nivel de clubes como de selecciones? Al menos en una primera instancia, y luego se hacen las evaluaciones sobre si conviene hacer un mundial cada dos años. Porque los fanáticos parecen estar en contra de esa idea.

Una mitad del fútbol está siendo completamente desaprovechada, y es por eso que el fútbol femenino debe ser potenciado. Si no se está convencido por un tema de justicia, que al menos se vea que es justamente el fútbol femenino lo que tiene mayor potencial para ofrecer crecimiento a la industria. Y no otra cosa.

Y mientras, el caso de la USWNT contra USSF sigue su curso. Con la promesa de seguir la senda de hacer del fútbol un mejor lugar para las mujeres. Ya una jugadora como Ada Hegerberg dio un paso al negarse a participar en la Copa del Mundo de 2019, justamente por cuestiones de desigualdad de condiciones de trabajo. Ahora, con lo mediático que ha sido este juicio —por tratarse de la mejor selección femenina de fútbol— otros pasos podrán darse. Pero lo ideal sería un cambio en la política por parte de la FIFA y sus federaciones.