Lionel Messi en la final del mundial de clubes contra Santos, tras ganar la segunda Champions con el Barça de Guardiola. Foto de Christopher Johnson desde Tokyo, Japón, con licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 2.0 Generic.

Terminada la especulación de saber donde jugará Lionel Messi, toca saber qué sucederá con el Fútbol Club Barcelona. Ver al jugador argentino con una camiseta distinta a la azulgrana será un gran shock para muchos de los fanáticos. En el mundo del fútbol sólo habían dos equipos que iban a poder pagarle el sueldo a un jugador como Messi: Manchester City y PSG. Dato que reducía mucho el abanico de posibilidades respecto a dónde podría recalar el jugador. Al final, fue el París Saint-Germain quien se hizo con los servicios del jugador. Y aunque toda esa información es relevante, no menos cierto es el hecho de que ahora el Barça se quedará sin el jugador que durante años lo ha llevado a conseguir título tras título.  Messi es el jugador con más goles, asistencias y títulos en la historia del club. ¿Cómo será el futuro del club sin el jugador que ha sido su estrella por más de una década?

 La persona encargada de liderar este nuevo rumbo será Joan Laporta. El presidente ‘culé’ inició hace tan sólo unos meses su segundo periplo en el equipo de la capital catalana. En su momento el presidente mostró gran visión y valentía apostando por Josep Guardiola en el banquillo azulgrana, cuando no tenía experiencia entrenando a un primer equipo. En este segundo período al mando del Fútbol Club Barcelona se deberá demostrar que, al igual que en el primer mandato de Laporta, hay una visión deportiva a la altura de las circunstancias. Que sea capaz de no depender de un gran salvador en la figura de Messi.

Será interesante ver cómo el Barça reestructura el equipo para acomodarse a la partida de Messi. También debe hacerse para que el equipo sea viable en el futuro. La fórmula utilizada en ese primer mandato fue la de usar la cantera y jugadores jóvenes con hambre de títulos. En el campo, se vio un fútbol de ataque que explotaba el talento técnico de los intérpretes. Primero con Rijkaard, y después con Josep Guardiola. Messi fue la guinda en el pastel. Pero para que haya guinda, debe haber un pastel. En los últimos años de la gestión de Josep María Bartomeu, no había un proyecto que pudiese explotar todo el talento de Messi.

Siguiendo con la analogía de la guinda y el pastel, éste último sólo se consigue con una visión clara de lo que se quiere plasmar en el campo. Laporta tiene a su favor que ya lo hizo una vez, en su momento ayudado por la excelente labor de Txiki Begiristain —quien a su vez fue apoyado por Johan Cruyff—. Dar la voz de mando a quienes entienden de fútbol fue su mayor virtud. En este caso, la responsabilidad de la dirección deportiva recaerá sobre Mateu Alemany con el fin de que Laporta pueda decir que revive al club por segunda vez. Entendiendo por supuesto, que no pueden contar con la aportación brutal de Messi.

El éxito sostenido en el tiempo fue el legado de Laporta, Begiristain y Guardiola. Esa gestión produjo una ola que Sandro Rosell, y luego Bartomeu, lograron surfear hasta que la situación fue insostenible. Crear un ciclo en el que un éxito atrae otros éxitos será el gran reto de la actual directiva del Barça. Y en esta ocasión, no habrá Begiristain ni Guardiola. Sí estará en los banquillos Ronald Koeman, entrenador que no goza de la total confianza del presidente pero cuyo costo de despido es tal, que no hay más opción que mantenerlo al menos una temporada más. En la dirección deportiva estará Mateu Alemany, con una trayectoria de peso en el Real Club Deportivo Mallorca y Valencia.

Uno de los grandes obstáculos que impidió la renovación de Messi, y que dificultará la reconstrucción es que economía del Barça está muy mal. Esta situación ha sido reseñada por los medios de comunicación a tal punto, que se considera como una verdad absoluta. Lo cual dificulta mucho el margen de maniobra que puede tener el club para traer más jugadores. El equipo estará obligado a usar la cantera, tal y como fue el caso durante los períodos de Louis Van Gaal, Frank Rijkaard y Josep Guardiola. Los períodos que trajeron a los Carles Puyol, Xavi, Andrés Iniesta y el propio Messi deben ser repetidos. Algo de eso se está viendo, con la irrupción de Ansu Fati, Ilaix Moriba y Pedri (éste último no es canterano, pero sí es una apuesta por la juventud). Pero esto se debe ver aún más. Algún jugador fichado tras grandes desembolsos —y que cobra una suma de dinero sumamente importante— tendrá que ser traspasado a pérdida. Ya sea Antoine Griezmann, Ousmane Dembelé o Philippe Coutinho. O todos.

Al menos un puesto en defensa, mediocampo y ataque debe estar cubierto por un canterano joven. Y al menos un puesto de sustituto para cada una de estas áreas también debería estar cubierto por un canterano. Pensar en Gerard Piqué, Sergio Busquets o Jordi Alba como canteranos es un error, porque ellos son jugadores establecidos en el equipo. Además, cobran como lo que son: jugadores del más alto nivel y con un peso muy grande dentro del vestuario.

El uso de la cantera no tiene por qué significar el sacrificio de títulos. La sostenibilidad no tiene por qué estar peleada con el éxito deportivo. Si a la juventud se le acompaña de veteranía, y sobre todo, si hay una visión coherente de lo que debe ser el proyecto, se puede competir perfectamente. De hecho, el Barça empezó su descenso de la cima cuando empezó a hacer desembolsos irresponsables y dejó de cuidar la cantera. Al final, promover a los jugadores jóvenes desde las categorías inferiores hasta el primer equipo ayuda a preservar la identidad de juego. En el caso del Barça, la que fue instaurada por Johan Cruyff, continuada por Louis Van Gaal y Frank Rijkaard, y refinada por Pep Guardiola.

Este tipo de reinicios por lo general llegan de forma forzada. La salida de Messi y la situación económica del equipo podrían —si hay visión deportiva— ser una bendición oculta. Una forma de forzar que, después de muchos años, se vea un estilo definido en el campo de juego.

Casi 17 años en el primer equipo dieron para 35 trofeos. 10 Ligas, cuatro Champions League, siete Copas del Rey, ocho Supercopas de España, tres Supercopas de Europa y tres Mundiales de Clubes. Nada que reprocharle a Leo.