Ole Gunnar Solksjaer siempre iba a tener una aprobación inmediata de los aficionados por el estatus de leyenda. Pero a los tres años, no hay títulos y no hay un estilo de juego marcado, por lo que se empieza a palpar cierto hartazgo. Imagen de Tor Atle Kleven, con licencia Creative Commons Attribution – Share Alike 2.0 Generic.

Cuando Ole Gunnar Solksjaer regresó al Manchester United, primero hubo muchas suspicacias sobre lo que sería capaz de hacer el técnico. Aunque, también debe decirse, había mucha ilusión por el regreso de quien fue leyenda durante su etapa como jugador. Su experiencia como entrenador sólo remontaba a trabajos en el Cardiff City, en Inglaterra, y el Molde, en su Noruega natal, y había miedo de que pudiera empañar lo que había hecho como jugador en su etapa como entrenador. Tras el despido de José Mourinho, se quería sopesar con más tiempo qué dirección debía tomar el equipo. Por ello, se puso de entrenador interino a Solksjaer, el responsable de aquel gol agónico en el Camp Nou para ganar la Champions de 1999 y el triplete, a las órdenes de Sir Alex Ferguson. Solksjaer dejaría su equipo, el Molde, para reconducir a corto plazo el destino del Manchester United. Para nadie es un secreto que el modelo a seguir del noruego siempre ha sido el escocés que estuvo 26 años en el lado rojo de Manchester. Eso puede ser una virtud, aunque también puede ser un defecto.

La principal virtud del Manchester United de Sir Alex Ferguson era que ganaba como sea. Esa temporada de Champions League 1998-1999 fue un claro ejemplo. Dos empates 3-3 en la fase grupos contra el Fútbol Club Barcelona, remontadas contra la Juventus y, por supuesto, esa remontada de los últimos momentos contra el Bayern de Múnich en la final. Era un equipo que se rehusaba a perder. Habían jugadores de mucho carácter como Roy Keane, Jaap Stam, Paul Scholes, Gary Neville y Peter Schmeichel. Justamente son esos los jugadores los que impulsan estos proyectos que, más que una filosofía clara sobre el terreno de juego, lo que son es brutalmente competitivos.

El fútbol avanzó, debe decrise, y Ferguson nunca pudo ganarle a Josep Guardiola. Su retiro se produjo a los dos años de aquella segunda final entre United y Barça. La entrada del ‘cruyffismo’ de Guardiola en el mundo del fútbol y demás entrenadores con filosofía similar (Luis Enrique, Thomas Tuchel, Maurizio Sarri, Graham Potter, Hansi Flick o Julian Nagelsmann), y la corriente que surgió en Alemania del gegenpress (contrapresión o presión tras pérdida) con Jürgen Klopp, Ralph Hassenhüttl, Roger Schmidt y Ralph Rangnick como sus figuras más visibles, hacen entender que el fútbol es más complejo que cuando Ferguson era entrenador. Todos los entrenadores de la élite moderna parecen tener esta visión del fútbol, en la que la presión es parte fundamental del fútbol y la variedad de movimientos con el balón son cruciales para elaborar el juego de ataque posicional.

Con Ole Gunnar Solksjaer no se sabe bien a qué se quiere jugar. Cuando el equipo juega contra el Manchester City, termina agazapado en su propia área con un bloque bajo porque no tiene los argumentos del City y Guardiola para manejar el balón por largos períodos, ni el trabajo táctico o posicional para recuperarlo apenas se pierde. Cuando se juega contra el Liverpool, el equipo queda totalmente expuesto a la presión constante ejercida por Klopp porque no hay urgencia para mover de forma rápida el balón.

Por ese tipo de cosas se puede ver el 0-5 sufrido ante el Liverpool, sobre todo cuando un equipo que depende de la confianza empieza a tener dudas debido a los malos resultados que ha obtenido en los días previos. No hay una visión sobre la cual recaer, ni una especie de fórmula táctica que repetir con ahínco cuando las cosas van mal.

En entrevistas y declaraciones a periodistas, Solksjaer ha dicho que no entiende esos modos de gestionar un vestuario en que se le da “excesiva” información al jugador. Dice que prefiere establecer una relación con los jugadores y el vestuario para convencerlos de la idea general. Con esto, deja claro que los automatismos y la táctica no le preocupaba demasiado. Es decir, una postura contraria a la corriente general de los entrenadores de élite. Allá donde hay un equipo con aspiraciones de primer nivel, seguramente hay un entrenador con mucha atención al detalle. Básicamente, si a Solksjaer no lo despiden y le empieza a ir mejor e incluso llega a ganar un título, sería un acontecimiento importante porque significaría que esta visión de la «vieja escuela» sigue vigente.

A toda esta situación, hay que añadir el hecho de que la estructura deportiva del United sigue siendo anticuada, de los tiempos cuando un entrenador —Ferguson— se le consideraba manager y controlaba todos los aspectos deportivos. Es decir, no hay una dirección deportiva dentro del equipo que exige responsabilidades por no tener un juego coherente de acuerdo a alguna filosofía dentro del deporte.  En el Manchester United, solamente en marzo de este año fue instaurado un director of football (director de fútbol), a cargo de John Murtough, y un technical director (Dirección técnica), a cargo del exfutbolista Darren Fletcher.

Cuando todo esté dicho, seguramente el nombramiento de Solksjaer no habrá sido más que el producto de la suma de la nostalgia y una buena racha de resultados durante el período del interinato. Bien haría el United en poner a un entrenador con una visión moderna del fútbol, y que atrás quedasen los entrenadores que por una razón u otra se han ido quedando obsoletos (Mourinho y Van Gaal) o que no están a la altura (David Moyes y Solksjaer). Por una cuestión de quien está disponible, el Manchester United muy probablemente tendrá que mover ficha por Antonio Conte. Aunque más importante aún será que la recientemente instaurada estructura directiva del área deportiva, con Murtough y Fletcher a la cabeza, deje su impronta rápidamente.