Un partido de la segunda ronda de clasificación de la UEFA Europa Conference League, jugado en Bielsko-Biala, Polonia. Imagen de Waracila, con licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International.

El Tottenham Hotspur quedó eliminado de la UEFA Conference, una tercera competición del organismo europeo (tanto en novedad como en relevancia al comparar con Europa League y Champions League) luego de verse obligado a hacer un ‘forfeit’ debido a su situación relacionado con el COVID-19 y la variante Ómicron que está azotando al Reino Unido. La realidad es que al Tottenham —si se le hubiese permitido elegir entre aplazar el partido o no presentarse, salir de la competición y poder centrarse en la Premier League— seguramente lo que terminó ocurriendo es lo que más le habría gustado a este equipo y a sus fanáticos: eliminación de un torneo que no goza del prestigio ni el interés de un equipo con jugadores tipo Harry Kane y Heung-Min Son, y con un entrenador como Antonio Conte.

La realidad es que tener a un equipo como los ‘Spurs’ —con los ya mencionados jugadores y entrenador— era una oportunidad especial para promocionar la competencia. No haber tenido flexibilidad ni empatía con la situación del equipo del norte de Londres es una mala jugada estratégica para el futuro de este torneo. La imagen de la UEFA, además, queda dañada al castigar una decisión tomada para proteger la salud de jugadores y personal del cuerpo técnico. En un momento en que el organismo rector del fútbol europeo debe proteger su imagen a toda costa ante la amenaza de la Súperliga Europea, esta decisión resulta impactante sin importar el costado por el que se le mire.

El Tottenham, un equipo que tiene desde la temporada 2007-2008 sin ganar un trofeo y ve en la Conference League la posibilidad de poder ganar uno, anunció que está considerando apelar la decisión. El equipo sufrió el cierre de sus instalaciones por parte del gobierno debido a lo extendido de su brote por COVID-19, y consideran que no estaban en condiciones para hacer frente al partido y que ello no fue culpa del equipo.

Visto desde ese punto de vista, el equipo ha demostrado una mayor lealtad con la propia competición que la UEFA. Y esto viene de un equipo que formó parte del proyecto de escisión con la UEFA y su producto estrella, la Champions League.

Las rencillas provocadas por la Súperliga Europea deben ser superadas. El presidente de la UEFA, Aleksandr Ceferin, ya mostró su lado más intransigente y fiero cuando el proyecto fue anunciado. Ahora debe ser más conciliador. Porque aún y cuando esta eliminación, al considerarse forfeit el partido del Tottenham contra el Rennes, no se haya producido como un castigo por haber formado parte de la Súperliga, esta disputa igual está como contexto. Es regalar un arma de relaciones públicas y, además, se pueden generar dudas y arrepentimientos en un equipo que fue disuadido de participar en la Súperliga Europea.

En un momento en que las instituciones, organizaciones y Estados deben ser más flexibles, la UEFA reprobó un examen que permite evaluar si se está al día con lo que ocurre en el mundo. El la arena política y de relaciones públicas también queda reprobada. Y por último, también es un fallo monumental en la gestión de un producto nuevo, el cual requiere de apoyo y reconocimiento para que sea aceptado por las audiencias.